Todos conocemos la profesión de médico más por lo que nos muestran laa series de televisión americanas desde hace décadas. Aunque Urgencias (que lanzó a la fama a George Clooney) intentó romper con los tópicos habituales, Doctor House volvió a los mismos, al mostrar un Sherlock Holmes reencarnado en un médico en permanente mal humor.

Thomas Lilti, que fue médico, se ha pasado al Cine y hace poco vimos de él Hipócrates,donde mostraba la verdadera cara de los médicos de Urgencias franceses de ciudad, sus personalidades, sus vidas cotidianas, sus luchas por sus pacientes y contra unos medios cada vez más precarios.

Ahora vuelve al mismo tema, pero desde los médicos rurales, que ejercen en lugares con muchos menos medios.

Lilti elige la zona entre los Departamentos de Normandía y Val d’Oise, donde hay pocos médicos y hospitales cercanos, con casas aisladas mal comunicadas, a donde tienen que desplazarse los médicos con sus coches por carreteras en mal estado.

Todo empieza cuando el Doctor Jean-Pierre Werner (François Cluzet, “Intocable”) recibe el diagnóstico de que padece cáncer, después de pasar por un escáner. Sus colegas médicos le recomiendan que tiene que buscar alguien que le sustituya, para que pueda seguir tratamiento.

Al puesto llegará una mujer parisina, Nathalie (Marianne Denicourt, que también trabajó en Hipócrates), bella e inteligente, sin experiencia como médico rural, pero sí como enfermera, que se irá adaptando al puesto poco a poco, con mucha determinación.

Werner la acompañará para que se adapte rápido. Al principio tendrá dificultades, como huir asustada por el ataque de unas ocas, o cuando su coche se le queda atascado en un lodazal, pero irá aprendiendo y actuará como una experta.

Como en Hipócrates, la narración es una sucesión de las actividades médicas y cotidianas de los protagonistas, veraz y creíble, gracias al guión preciso y la profesionalidad de los actores, que parecen médicos de verdad, sobre todo Marianne Denicourt, que se come a François Cluzet en muchos momentos de la película, ya que el personaje de él se expresa con aparente impasibilidad, muy preocupado por la grave enfermedad que padece, la cual no quiere confesársela a su nueva colega, más alegre y expresiva en el fondo, sin parecer jamás tonta.

Nuevamente, los tópicos de serie televisiva quedan fuera. Aquí todo es real, tanto los pacientes granjeros a los que visitan como las gentes del pueblo. Los demás personajes quedan en un plano muy secundario, como complementos de los dos protagonistas, lo único que importa. El ritmo narrativo tampoco es espectacular, trata de ser realista, cotidiano y muchas veces filmando con cámara al hombro.

Además, no recurrirá a uno de los tópicos más manidos de las películas de médicos y enfermeras…

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