El 2016 nos ha regalado varias Efemérides culturales, y si bien acabamos de finalizar los fastos centrales de la celebración del centenario del más internacional de nuestros literatos, aún nos queda por festejar el aniversario del fallecimiento de uno de los más grandes maestros de la pintura: Hieronymus van Aeken Bosch, el Bosco, cuya muerte acaeció en 1516.

Con tal motivo, el Museo Nacional del Prado, institución que atesora la mayoría de las obras del pintor flamenco, presentará el próximo 31 de mayo una exposición monográfica que podremos disfrutar hasta el 11 de septiembre.

En ella se reunirán las principales pinturas del Bosco, procedentes de colecciones españolas y de entidades internacionales, como el Museum of Fine Arts de Boston, el neoyorkino Metropolitan Museum of Art, o la Albertina y el Kunsthistorisches Museum de Viena.

Entre las piezas invitadas se incluye también una de las más anheladas, el tríptico de las Tentaciones de San Antonio, cedido en préstamo por el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa.

La muestra se estructura en torno a cinco áreas temáticas y una sección de dibujos, en las que el visitante podrá contemplar cómo el Bosco agitó y convulsionó las bases de la pintura de su tiempo para explicar conceptos inmateriales a través de un lenguaje fantasioso y de incontenida imaginación, con una profunda carga moralizante. El recorrido se complementa con la referencia a otros artistas que integran el amplio círculo de la trayectoria del maestro flamenco, facilitando la comprensión del contexto de creación de las obras de nuestro protagonista.

A lo largo de los meses precedentes, se han producido algunas desavenencias entre los investigadores en lo referente a la autoría de ciertas piezas. El Bosch Research and Conservation Project, una comisión internacional de expertos en la obra del Bosco, determinó que dos de las pinturas conservadas en las colecciones españolas (Las tentaciones de San Antonio Abad, del Museo Nacional del Prado, y La Coronación de Espinas, custodiada en El Escorial) no fueron realizadas maestro sino por su taller, afirmación que fue rebatida por los conservadores del Museo.

Sin embargo, ésta no ha sido la única ocasión en que los titulares se han hecho eco de las celebraciones del Bosco, ya que en los últimos meses se ha realizado un didáctico documental que permite, gracias a la fotografía digital en alta resolución, profundizar en El jardín de las Delicias con la precisión de un microscopio.

Asimismo, el trabajo del pintor ha sido traducido al lenguaje del cómic por Francesc Capdevila (más conocido como Max) bajo el título El Tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana).

El Bosco vivió y desarrolló su trabajo en un tiempo de crisis, de profundos y vertiginosos cambios, que condujeron a la Edad Media hacia su inexorable final, para inevitablemente arribar a la modernidad. Quizá por eso su pintura resulta extrañamente contemporánea al espectador actual, porque identifica esa inestabilidad con la de su propio mundo, en el que nada parece definitivo, salvo la promesa de una realidad más allá de las formas que vemos y tocamos.

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