Que Prince era un personaje controvertido, nadie lo duda. Que el genio de Minneapolis no dejaba a nadie indiferente, tampoco. Pero que El Símboloera un rebelde dentro de la industria discográfica, es un aspecto de su vida que pocas personas conocen.

El pasado noviembre, con motivo de la publicación digital de su disco Hit n’Run, el artista confesaba en una entrevista que “No necesito discos físicos.

Yo no diría que los discos físicos están muertos, porque me gusta el vinilo, pero si lo que buscas es rapidez y eficiencia, eso es Internet. Entiendo por lo que están pasando las discográficas. El sistema ya no funciona. Es demasiado lento”. Este sería el último envite de una guerra contra el todo poderoso mundo de las majors que Prince había iniciado allá por los años 80, tras el éxito de Purple Rain.

Nace El Símbolo, como símbolo de rebeldía

En 1993, este ídolo del pop decidió adoptar como apodo un símbolo andrógino de nombre impronunciable. Como explicó en su web, tenía la sensación de que el nombre de Prince había sido excesivamente comercializado por Warner. Era el clímax de la confrontación. Y así nacía El Símbolo, como símbolo de su rebeldía.

A partir de este momento se sucederían las acciones hostiles.

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Tomó la decisión de dejar de grabar en estudio. El mismo día que enviaba el fax a la prensa haciéndolo público, se lo comunicaba a su compañía. Sólo cumpliría el contrato con grabaciones antiguas. Y para colmo, Prince apareció ante su público con la palabra slave(esclavo) en sus mejillas, como muestra de una guerra abierta y declarada.

No era sólo una cuestión ideológica, quería cobrar más que Madonna

Era la primera gran rebelión de un superventas contra una major que, a la postre, marcaría las relaciones mercantiles y contractuales de los actuales grandes artistas.

Y aunque Prince siempre defendió que el motivo era ideológico, como defensa de la creatividad frente al negocio, lo cierto es que el origen fue algo menos idealista. En aquel momento de bonanza para las compañías, los contratos multimillonarios estaban a la orden del día y Prince no quería ser menos. El suyo estaba a punto de vencer y en la renovación exigía unas cantidades superiores a las que acababa de negociar su compañera de sello unas semanas antes, Madonna: unos 100 millones de dólares.

La confrontación desembocó en la explotación y gestión de su propio catálogo. Prince pensó que obtendría mayores beneficios creando su propio sello discográfico, NPG Records (New Power Generation Records).

En 1996 publica Emancipationen homenaje a su ruptura con la Warner. Publica álbumes constantemente, pero sólo las estrategias comerciales basadas en el personaje (que le permiten ingresar cifras superiores a las de muchas otras stars del panorama musical) consiguen salvar las cuentas.

Prince, un visionario en las relaciones stars-majors

En 2014 se rebaja la tensión. Llega a un acuerdo con la Warner para la distribución de sus discos. Prince se había convertido en el precursor de un modelo de contrato que, actualmente, es el más extendido entre las estrellas y las compañías, pues permite un mayor control del producto y una mayor libertad creativa al artista.

Prince había revolucionado la música, pero también revolucionó el negocio.

Había hecho tambalear a una industria demostrando que la producción independiente podía ser rentable. Cuando a las 10:07 a.m. del jueves 21 de abril moría Prince en su casa de Paisley Park se nos iba un genio, un rebelde, un visionario, en definitiva, un símbolo.

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