Alan Bennett es un veterano dramaturgo de gran prestigio en Gran Bretaña,que tiene ya 82 años y una larga obra escrita, sobre todo en teatro, y que colaboró en los guiones de películas como “Ábrete de orejas” o “La locura del Rey Jorge”. En la película que nos ocupa, él mismo, encarnado por un gran Alex Jennings (“The Queen), se encuentra que en el barrio de Londres donde reside, en 1974, un día se encuentra con que una extraña anciana, señorita Shepherd (Maggie Smith, “Downtown Abbie”), aparca su vieja furgoneta, con el parabrisas delantero medio roto, ante su casa y que la utiliza como vivienda.

Empezará aquí una peculiar convivencia de 15 años de duración, difícil por el carácter huraño de ella, su falta de aseo personal y su misantropía con toda la gente del barrio. Habrá días que esas incompatibilidades de carácter sean difíciles de soportar, para él o para los vecinos.

Poco a poco conoceremos el pasado de la anciana señorita Shepherd, cuya primera escena era huyendo de la Policía en una persecución de película, hasta llegar al tranquilo barrio que ella elige como su “residencia” definitiva. Católica, con una extraña fobia a la música y repleta de toda clase de manías, es observada por Bennett como si fuera uno de los personajes que luego le inspiran sus obras teatrales, dividiéndose a sí mismo en dos, su yo que mira la vida tal cual es y su otro yo que la reescribe a su manera si la añade a una obra de teatro, en un interesante debate intelectual.

La película navega entre la crónica social, eso sí, muy suavizada y en algunos momentos casi de telefilme para toda la familia, pese a las salidas de tono escatológicas de la señorita Shepherd, y la creación artística de Bennett, del cual se insinúa ligeramente su homosexualidad y la relación con su madre, a la que interna en un asilo cuando empieza a tener síntomas de demencia senil.

Smith y Jennings son los reyes de la función, el resto de personajes son accesorios. Ella demuestra su grandísimo talento interpretativo (reconocido con una nominación a los Globos de Oro por este papel), curtido en más de medio siglo actuando, pero Jennings no se deja amilanar y también compone una gran interpretación, pese a que su personaje es más impasible y tranquilo.

Teniendo en cuenta el estilo literario de Bennett, que como hemos dicho, en toda la película se reprocha a sí mismo reproducir lo real añadiéndole cosas inventadas, la película es una “historia real en buena parte”, como dicen los títulos de crédito iniciales, sacada de sus memorias y de su libro “La dama de la furgoneta”, y el propio Bennett participa en el guión. Incluso el auténtico Bennett hace un cameo al final de la película, llegando a su casa en su bicicleta y asistiendo al rodaje de una escena con Jennings encarnándole, como un guiño final a la relación entre realidad y ficción que toda la película nos muestra.

Una película curiosa, no de pasar el rato, pues el personaje de la anciana no es de los más amables que hayamos visto, pero muestra cómo el ser humano se adapta a los más peculiares entornos, sea la anciana con su vida casi nómada y asocial, sin importarle si va sucia y maloliente, casi con síndrome de Diógenes, o el tranquilo escritor en un barrio tranquilo que tiene que convivir con alguien que hace trizas esa idílica vida, pero que luego la acaba “adoptando”.

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