Parece difícil imaginárselo o creérselo, pero la realidad es que en Córdoba, la ciudad española con más declaraciones de Patrimonio de la Humanidad, no sabe gestionar sus monumentos, ese gran atractivo que le ha hecho merecedor de tres distinciones por parte de la Unesco. Y es que todos los lunes del calendario, ya sea festivo o ya sea parte de un largo puente, las puertas de los monumentos y museos de Córdoba permanecen cerrados a cal y canto por parte del gobierno municipal de IU-PSOE y ¿Ganemos?

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o Podemos, o como queramos llamarlos.

Es una pena para una ciudad que en los últimos cuatro años ha visto cómo las cifras de visitantes iban en aumento mes a mes, alcanzando cifras históricas que Córdoba nunca había tenido. Éste es un problema que ha originado el actual gobierno de izquierdas en su afán de desmantelar todo lo que en tan sólo cuatro años consiguió el PP en materia turística. Van a pasar ya casi cerca de 12 meses y este desaguisado que han creado son incapaces de resolver poniendo en riesgo así la promoción de la ciudad, fundamentalmente en mayo, mes de máximo esplendor de la ciudad y con el mayor número de turistas de todo el año.

La situación es que si un visitante se encuentra un lunes en Córdoba se verá totalmente tirado en la calle sin nada que visitar, sin contar con que el espectáculo de luz y sonido del Alcázar de los Reyes Cristianos también ha quedado totalmente fulminado sin fecha para su puesta en funcionamiento de nuevo.

Todo esto mientras el resto de ciudades intentan organizar y aprovechar al máximo sus recursos porque hacer lo contrario no se entiende y es que no hay explicación ni motivo para hacer lo que en Córdoba se está haciendo.

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Se dice que es por respetar los horarios de los funcionarios, pero, sin embargo, también los tienen en contra y con protestas por esta situación, por lo que no sé entiende a qué responde este total despropósito del Ayuntamiento de Córdoba, que deja ver cómo los turistas que vienen con ilusión a conocer la ciudad se encuentran con las puertas cerradas.

Señores, esto es Córdoba, una ciudad que parecía reflotar pero que, cosas de la vida que tampoco tienen explicación, vuelve de nuevo a dar pasos hacia atrás para situarnos a cómo estábamos hace cuatro años en una ciudad cerrada, hermética, apática y meláncolica.

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