En Marzo de 1996 nos dejaba Krzysztof Kieślowski a la edad de 54 años tras una operación de corazón que salió mal. Decidió, dos años antes, tomar un respiro y no volver a hacer películas, quería simplemente vivir. La vida en muchas ocasiones puede ser muy injusta y paradójica, su muerte llegó cuando nadie lo esperaba.

Para darnos cuenta de la enorme influencia que tuvo Krzysztof Kieślowski en el cine europeo, hay que comenzar por sus últimos años. Fue el primer cineasta europeo en recibir un premio Félix de la Academia europea de cine como mejor director en su primera edición, 1988. Su presentación para el público occidental comenzó, con No matarás (Krótki film o zabijaniu), su último film realizado en su natal Varsovia en 1988 que le llevaría a ganar el premio del Jurado y premio FEPRESCI  en Cannes.

Después, la doble vida de Verónica (1991), (Le double vie de Veronique), y la trilogía de los tres colores, Blue, Blanc, Roug (1993-1994), le consagraron internacionalmente como uno de los grandes autores. Pero, quién era y por qué Kieślowski representa uno de los baluartes del Arte y el pensamiento europeos. Joanna Bardzinska, doctora en comunicación por la UCM y traductora, es la autora del libro La doble vida de kiéslowski, editado por Donostia Kultura (2015), expone algunos de los valores de esa trascendencia: “Las películas de Kieślowski son europeas en un sentido profundo: su importancia para la cultura europea radica, ante todo, en convencernos de la necesidad de releer nuestra tradición, en la reflexión que provoca sobre sus valores y en la incesante búsqueda “de lo que nos une, no de lo que nos separa”.

Vídeos destacados del día

La pregunta que parece esencial es:

¿Quién es Kieślowski en el cine?

Es el cineasta polaco más europeo y fue un documentalista que retrataba la realidad de la Polonia comunista y la realidad de los sentimientos en sus últimas películas. Es un poeta del cine.

Es Kieślowski uno de los grandes cineastas humanistas ¿Por qué?

Es un realista y un metafísico... Amaba al hombre, creía en la bondad del hombre. Yo no sé, decía, pero intento comprender. Le gustaba hacer cine porque le gustaba entrar en contacto con los espectadores, hablar con ellos personalmente, uno a uno.

Las preocupaciones de Kieślowski era el hombre…

El hombre, pero no el hombre enfrentado al sistema, o la política. Sino el hombre enfrentado a sus dilemas morales.

El contenido metafísico de sus películas es fundamental para entender la capacidad de redención de sus imágenes…

Esa poética metafísica se manifiesta antes en sus películas de ficción de la década de los 70 en Polonia, por ejemplo La calma, que versa sobre un hombre que sale de la cárcel y quiere hacer una vida normal.

Enseña como siempre al hombre enfrentado con la sociedad, con el sistema, pero aquí se centra en el espacio de libertad que tenemos todos los individuos.

La vía del documental se agota  al no poder discernir y expresar la vida en toda su profundidad. ¿Cuál es el momento del paso de la realidad a la ficción?

Esta brecha la encuentra en la película El primer amor (1974) se da cuenta que la filmación de las partes más importantes de sus vidas en una pareja estaba afectando cada vez más la vida de esas personas. Otro obstáculo era La responsabilidad.

¿Fueron los valores humanistas y las contradicciones del hombre su legado en la pantalla?

Su papel como artesano era hacer preguntas y compartir las dudas. Su cine no plantea un mensaje con una visión que te impone, si no que tú te encuentras con preguntas, o con las preguntas que ya estaban dentro de ti, y no hay respuestas, porque él tampoco las encuentra.

Podemos ver el cine de Kiéslowski en las programaciones de la filmoteca de Valencia, La filmoteca de Navarra, La filmoteca Vasca-Donostia Kultura (la Tabakalera), durante este 2016. En  los Cines Sur (Sevilla, Córdoba, Cádiz, Málaga, Badajoz y Toledo), durante este mes de abril y el mes de mayo se proyectará la trilogía (Rojo, Blanco y Azul). La oda a una Europa que aún podría ser.