No se puede entender a un país en su desarrollo político, económico y social (además de tecnológico), sin la injerencia positiva y proactiva de la cultura en toda su connotación, es decir, en el propio mecanismo cultural de la propia sociedad, sean vistas las manifestaciones desde el punto de vista institucional o alternativo.

Bajo ese contexto, es que se ha dado el día 3 de marzo del presente año, el nombramiento de Ana Rodríguez, por parte del presidente de Ecuador, Rafael Correa; para asumir el cargo del Ministerio de Cultura y Patrimonio de dicho país.

Antes del nombramiento, Ana Rodríguez, quien en su formación profesional se ha encauzado al estudio y campo de acción de las artes y la gestoría cultural; fungía como Viceministra, precisamente, del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador, hasta que por cambios en el gabinete, tuvo que salir el que en ese momento era titular del ministerio, el señor Guillaume Long.

Según ha declarado en varias ocasiones y en diversos medios, la ahora titular de cultura, Ana Rodríguez, señala que seguirá la línea de trabajo que se ha estado desarrollando en estos últimos meses, los cuales conoce muy bien, toda vez que ella se centró en la parte medular de todo esto, en el rubro técnico y estratégico.

Su enfoque en este nuevo cargo, según declara, es la de promover la ley de culturas en el país, mismo que busca, entre lo más importante: promover los derechos culturales en todos los órdenes y sentidos de la dinámica cultural dentro de la sociedad. Para ello, se tiene que hacer un esfuerzo mayúsculo por alcanzar las metas planteadas.

Lo que se busca con todo esto, es generar un cambio sustancial desde la raíz, en el sistema nacional cultural, hacer prevalecer los derechos, oportunidades, estrategias y dinámicas socioculturales, como se señaló anteriormente.

Sin lugar a dudas, con esa actitud gestora y si se alcanzan los resultados que el propio ministerio se ha trazado, hará que la percepción de la sociedad, no en el gobierno, sino en la misma dinámica cultural, surta cambios positivos importantes. Se debe recordar que así como avanza vertiginosamente la tecnología, sobre todo digital, la cultura debe preservarse y promoverse.

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