La gala tuvo lugar el domingo 28 de febrero. Leonardo DiCarpio se llevó su primer Oscar, Emmanuel Lubezki, director de fotografía de El Renacido, el tercero consecutivo y Alejandro González Iñárritu el segundo, también consecutivo, como director a secas. Todos por la misma película. Y los tres hicieron Historia. Fue una noche para guardar en la memoria y las fotografías lo demuestran. Tal es así que días después de la ceremonia se siguen desvelando momentos para el recuerdo.

Por las redes sociales se ha visto a Rooney Mara ayudando a su compañera de reparto en Carol, Cate Blanchett, a colocar su precioso vestido de Armani Privé en la alfombra roja, a los miembros del equipo de Spotlight tumbados en el suelo uniendo las cabezas de todos para lograr una instantánea irrepetible de ganadores, ola fotografía que Jacob Tremblay, el pequeño protagonista de La habitación, se hizo con sus padres en la limusina que los llevaba a los tres camino del Teatro Dolby.

Pero hay una muy especial que se diferencia de todas ellas. Es la de los cuatro actores ganadores de la estatuilla, una vez ha concluido la sesión fotográfica que tradicionalmente tiene lugar cuando ya se conocen los intérpretes más afortunados de la noche. Y matizo ese "más afortunados" porque estar nominado al Oscar ya es un premio.

La instantánea que nos ocupa es de una belleza atronadora, digna de ocupar el fondo de escritorio de cualquier ordenador o teléfono móvil. Una maravilla que unifica la elegancia del glamour con el brillo de la naturalidad. Esos momentos en que las cámaras ya no disparan para conseguir la fotografía perfecta son los indicados para lograr otras que a veces tienen más magia.

Tal vez no tanta repercusión, pero quien las descubre no puede evitar admirarlas.

Porque a quienes vemos no son a otros que a los ganadores del Oscar, pero ya no están posando con él, sino llevándoselo con ellos. El sueño americano les pertenece también cuando el objetivo, aparentemente, no está mirando.

Y lo que capta es que la alegría sigue pero lo hace en el cuerpo de los seres humanos que también son, aunque no lo parezca.

Intérpretes que un rato antes no habían ganado nunca una estatuilla, que a partir de entonces serán siempre los elegidos del año 2016, pero que entre una aseveración y la otra han de dedicarse a lo mundano, a cenas y fiestas que celebran ese estatus.

Más tarde ya vendrá otro rodaje, otros papeles e interpretaciones por los que ser recordado, pero por lo pronto, vayamos a tomar algo, que nos lo hemos ganado.

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