El monoteismo llegó con una idea por encima de la concepción de las teologías anteriores, el poder de la palabra frente a las imágenes. Con posterioridad, la recuperación de la imagen como principal apoyo de la razón, la constatación de los hechos, la vía racional para conocer el mundo, empírica, fue la luz que alumbró la modernidad. Hoy, al traspasar las puertas de la postmodernidad, el hiperrealismo, la saturación de imágenes, ha dejado que las propias imágenes sean el referente de la realidad, para convertirse en manipuladoras de ésta (dándola una errónea veracidad). La falsedad de las pantallas, ha desdibujado aquel principio que decía que la verdad era lo que se podía ver.

El pensamiento del filósofo francés Jean Baudrillard, es la piedra de toque del concepto de la hiperrealidad. En el libro (La guerra del Golfo no ha tenido lugar; 1991), el pensador desnuda la idea de un frente de dos ejércitos en la primera guerra de Irak (la primera guerra televisada), que los mass media nos hicieron creer. La cultura de las imágenes en las pantallas, supone por tanto en el pensamiento de Baudrillard, elevar la ficción, y que la hiperrealidad, la tomemos como realidad (es decir una realidad falsa o imaginada por la saturación). Harum Faroki (1944- 2014) fue uno de los miembros de la segunda generación de directores alemanas, tras los reconocidos Werner Herzog, Fassbinder y Wim Wenders. Su cine se construyó desde una línea más vanguardista y ensayística, un cine siempre crítico con el modelo de información del poder y las imágenes que utiliza.

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Desarrolló durante toda su obra audiovisual –más que un cineasta hablamos de un artista- la idea de la imagen como engaño, control o manipulación. En 1993 realizó Videografía de una revolución (Vidograms of a revolution), donde trabaja con las imágenes retransmitidas por la televisión rumana, junto a otras de personas que graban la caída del gobierno de Caucescu, reflexionando sobre  las imágenes que se difundían por la televisión a toda la ciudadanía.

La exposición ha sido comisionada por Antje Ehmann y Carles Guerra, y recoge un variado recorrido desde sus primeras películas, explica Teresa Millet, comisionada del IVAM (Instituto Valenciano de #Arte Moderno). “Comienza con una selección de sus obras entre 1966 y 1969 y también una selección de sus vídeo instalaciones a partir de los años 90”. En esa primera etapa donde resaltan las filmaciones en 16mm, sobresale Fuego Inextinguible (1969). Una película subraya Teresa Millet  “donde lo que pretende Farocki, es hacernos sentir los efectos del napa; ¿cómo lo hace? Apagándose un cigarro en la mano”.

A partir de la primera guerra del golfo y las consecuencias que ese hecho histórico provoca, Farocki comenzó a trabajar con imágenes de videovigilancia y sistema de control. En este campo destaca Serious Games III, una videoinstalación donde se muestra como preparan al ejército estadounidense con videojuegos para su combate en Afganistán. Las imágenes por tanto, ya han dejado de ser entretenimiento o información, y han pasado a ser un ejercicio de muerte.

También está presente la obra Interface, primera videoinstalación que realizó en la década de los 90, donde se expone un estudio sobre el cine, es una metapelícula (metacine). El autor nos muestra como monta las imágenes de Videograms of a revolution, una sutil demostración del sentido de lo que aconteció en la Televisión rumana, la manipulación de su propia información.

Retomando el prólogo que realizó el filósofo francés George Didi-HubermanHarum Farocki formula siempre e incansablemente la misma pregunta terrible: ¿por qué, de qué manera y cómo es que la producción de imágenes participa en la destrucción de los seres humanos?  Así nos introduce Huberman al libro de Farocki Desconfiar de las imágenes (2013). De otra forma, Teresa Millet propone bajo el título de la exposición Lo que está en juego “nuestra voluntad de decidir, lo que es real y lo que no es real, que nos creemos y que no nos creemos”.