Confieso haberme hecho fan del que ya es conocido como el único Ministerio que Funciona, el Ministerio del Tiempo, la temporada pasada. También confieso haber tenido mis dudas de si mantendrían la talla esta segunda temporada, pues era difícil y por último confieso que dudé que Hugo Silva cumpliera con las expectativas deseables para un actor de esta serie, máxime cuando me enteré de la ausencia de Rodolfo Sánchez.

Después de haber visto a Pacino/Silva vestido de sacerdote confesando la gente a diestro y siniestro tengo la absoluta seguridad de que me absolvería sin problema pues todas mis dudas eran infundadas.

Y es que además de los viajes en el tiempo y de las reseñas históricas ahora en el Ministerio juegan también con los géneros cinematográficos. Si el primer capítulo nos remontó a las mejores historias de cine negro, y el segundo hizo un guiño en toda regla al teatro, ayer asistimos a una comedia de enredo y no puedo decir cuál de ellos estuvo mejor llevado.

Que una serie de ciencia ficción pueda a la vez estar basada en hechos históricos es una genialidad, que los personajes históricos sean a la vez creíbles y humanos como vimos ayer en la figura de Napoleón es un arte en toda regla.

Además el capítulo de ayer ha demostrado como un personaje secundario, véase Angustias, puede dar el suficiente juego como para convertirse en protagonista indiscutible.

Muy acorde por cierto su papel con el día de La Mujer de hoy, vimos a Angustias pasar de secretaria a madre superiora con carácter contestatario que optó por la vida en el convento alejándose de un hombre que no la quería lo suficiente. Y que dicho sea de paso supo conquistar al hombre más poderoso de Europa más que por la palabrería por el estómago que al fin y al cabo es algo muy español.

Eso sí, su faceta de cantante quedó un poco perjudicada.

Hilarante también fue el pase de modelos de Alonso, caballero con chupa de cuero que está descubriendo todos los beneficios de la modernidad.

Pacino, policía de los arrabales madrileños de los 80 da mucho juego, de normal con su toque macarrilla y sus enormes patillas y más si lo vistes de sotana y lo enfrentas a un general gay y lo pones a dar misa.

En fin que para la semana próxima anuncian una debacle donde estará en juego la salud de todo el Ministerio y que esta servidora confiesa (que manía me ha dado) que no se va a perder.

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