Transcurridos algunos años –“algún tiempo”, según otras crónicas– desde la muerte del pequeño varón, la chica consiguió adaptarse a su nueva vida. Aprendió el español, al mismo tiempo que iba desapareciendo paulatinamente el pigmento verdoso de su piel y, según se dice, llegó a explicar y describir algunos pormenores sobre cómo era su “mundo” y las circunstancias que rodearon su legada allí. Otro extremo bastante extraño pues, si hay que dar credibilidad a lo que parece ser contó, procedía de un lugar en el subsuelo de nuestro planeta, y habló de unas extrañas esferas luminosas de factura artificial que les ayudaban a alumbrarse a través de su extraño mundo.

Al parecer, la tragedia sobrevino cuando, un par de jornadas antes de llegar al pie de la gruta en la que fueron encontrados por los campesinos, un maremoto inundó su hábitat, pudiendo ella y su compañero escapar. Y hasta aquí la leyenda de los “niños” verdes de Banjos.

Ahora bien; si ya la historia parece bastante inverosímil debido a sus peculiares características, las cosas se complican ahora mucho más pues, en pleno siglo XII nace otro relato, asombrosamente parecido, que vendrá a arrojar más confusión y misterio, si cabe, al enigma.

Los supuestos hechos se producen en Woolpit, en el condado de Suffolk, Gran Bretaña, y vienen recogidos en un manuscrito escrito originalmente en latín por el Abad de Coggeshall (“Chronicum Anglicanum”) y otro (“Historia rerum Anglicarum”), de William de Newburgh. Ambas historias son muy similares, salvo pequeños detalles.

En este caso se trata de dos hermanos –también varón y fémina–, ella mayor que él y con el mismo y extraño tono verdoso en la piel que la pareja de “niños” de Cataluña.

Además, ambos hermanos se comunican también mediante la utilización de un extraño lenguaje que nadie es capaz de comprender. Según esta versión de la leyenda, unos aldeanos descubrieron la presencia de dos hermanos, niño y niña, en las inmediaciones de un “pozo de lobos”. Las vestimentas parecían haber sido hechas de manera tosca y rudimentaria, y los dos hermanos se negaron, también, a ingerir ninguna clase de alimentos.

Poco después de ser bautizados, el niño muere, mientras su hermana logra sobrevivir, aprende la lengua inglesa y llega a explicar, finalmente, que ambos proceden de “una tierra donde el sol nunca brilla”. Al parecer, debía ser algo así como “un mundo de constante penumbra”.

Según cuenta DeNewburgh, los hermanos llamaban a su hogar “La Tierra de San Martín”. La niña, según una de las versiones, estuvo trabajando como sirvienta durante varios años en casa de Richard de Calne –cuya similitud con el nombre de la leyenda catalana, Ricardo de Calno, es francamente asombroso– para acabar, finalmente, contrayendo matrimonio con alguien de la zona este de Woolpit, trasladándose allí a vivir y dando a luz, finalmente, a un hijo.

Al parecer, y según estas crónicas de la época, los hermanos apenas fueron conscientes de su “llegada” o “aparición” en nuestro mundo, lo cual recuerda mucho un presunto fenómeno de… ¿”teletransporte”?

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