Un año más, los Goya han acaparado por un rato la atención de muchos españoles para ver el reconocimiento de aquellas películas que solo algunos habrán visto. Pese a ciertos éxitos industriales, algunos de ellos con méritos artísticos, el Cine español sigue sin lograr cautivar al espectador patrio. El año pasado, La isla mínima, una de esas películas que se llevan el calificativo de “no parece española” se llevo el gato al agua.

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Este año los Goya han querido seguir una línea continuista (como siempre), pero se han encontrado con varias dificultades. Si bien, La isla mínima no ha tenido digna sucesora, se le ha intentado buscar. Ahí estaba La novia de Paula Ortiz. Pero desde su estreno este film no ha hecho más que dividir opiniones. Esto y su triunfo en los premios Feroz, antesala de los Goya y más “arriesgados”, descartaban por completo el triunfo de la supuesta favorita, que ha terminado como La Novia de Kill Bill en su propia ceremonia.

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Aún así ha conseguido llevarse dos: Mejor actriz de reparto (Luisa Gavasa) y Mejor dirección de fotografía (Miguel Ángel Amoedo).

Las otras dos películas eran demasiado “internacionales” para ser ensalzadas por la industria española: Nadie quiere la noche de Isabel Coixet y Un día perfecto de Fernando León de Aranoa. Aunque viendo los premios técnicos, lo que más daba esa sensación de extranjería eran las localizaciones y el reparto.

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Pero con esto era suficiente. Y el otro film, novel y bien intencionado, era eso: una primera película bien hecha pero demasiado pequeña para darle los grandes premios A cambio de nada, de Daniel Guzmán. Así pues, la gran triunfadora ha sido Truman, de un cineasta consolidado, Cesc Gay, que ha dado la puntilla a un Cine cercano que abarca los problemas personales desde un punto de vista tragicómico que es aceptado por todo el mundo.

Truman, mejor película y mejor director, estaba protagonizada por dos actores tan reconocidos y queridos como Ricardo Darín y Javier Cámara, ambos premiados. Y también el guión original de Gay y Tomàs Aragay, para demostrar que si Truman vencía era por saber contar una historia. En fin, premios conformistas y en la línea de la Academia, intentando vender una imagen de un cine español de buen hacer.

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Pero Truman, ese cine de clase media que hacia unos pocos años parecía condenado a desaparecer, no puede aguantar a toda la industria. Y La novia era demasiado formalista para contentar a todo el mundo. Así que han salido unos premios muy repartidos (fuera de las categorías reinas):

Premios noveles para la opera primera A cambio de nada: Guzmán (director novel) y Miguel Herrán (actor revelación).

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Producción, vestuario y maquillaje para la aventura ártica de Coixet. Premios técnicos para películas comerciales con pretensiones: El desconocido, Palmeras en la nieve y Anacleto. Y premio a mejor canción para las fans de Alborán. La mejor película de animación: Atrapa la bandera, la más taquillera (porque los niños siempre dicen la verdad; y las otras nadie las conocía). Y documental: Sueños de sal, historias de superación y determinación (lo que los españoles necesitamos para salir de la crisis).

Fuera de España, mejor película iberoamericana, El clan de Pablo Trapero (no podía ser otra), y Mustang de Deniz Gamze Ergüven, por reflejar la situación de abuso de sufren las mujeres en todo el mundo y tema muy candente en España.

Estos han sido los Goya. Del cine que se ha quedado fuera ya se ha hablado, como siempre, de manera muy directa y reivindicativa.

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