Corría 1995 cuando dos jóvenes amigos hicieron público un documento en el que plasmaban sus ideales fílmicos. Parecía entonces, que el nuevo Cine se resumía a las bases primarias. Un escrito en el que fijaron 10 normas a seguir por cualquier director que quisiera incursionar en ese nuevo género.

Nada de música incidental, ni de decorados, ni de tramas superficiales, entre otros recursos quedaban prohibidos. Lars Von Trier y Thomas Vinterberg, los ideólogos, se convertían en los diseñadores de un nuevo cine que generaba más expectativas que repercusión.

Tan lejos llegaron con su Dogma 95 que en el 2002 le pusieron fin.

Tras recibir más de 300 peticiones de cintas que querían portar el sello Dogma, Vinterberg y Von Trier consideraron que la idea se había vuelto masiva y dieron por acabado el proyecto.

Solo 39 películas ostentan el certificado de Dogma, aunque Von Trier y Vinterberg continuaron en el séptimo arte y el estilo propuesto a mediados de los 90. A ninguno les ha faltado éxitos y polémicas. En estos días, Vinterberg está presentando en el Festival de Cine de Berlín su última película, “La Comuna”.

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