¿Alguna vez te has enamorado de alguien que no debes? ¿Has sentido que no eres tan guapa como tu compañera de clases? ¿O has sentido que tu profe la trae en tu contra?

Bueno, pues déjame contarte que al igual que tú, hay muchas niñas sintiéndose del mismo modo, sí, inclusive aquella que crees que es más bonita que tú. Es por eso que Anaí López, escritora mexicana, nos trae éste maravilloso libro, que forma parte de una trilogía, para que no nos sintamos solas e incomprendidas.

Quiéreme cinco minutos es un libro que nos cuenta la vida de Elena, una chavita de 15 años que está terminando la secundaria, está enamorada de alguien que no debe, ya sabes, ese amor platónico que a veces juega con nosotras haciéndonos creer que nos puede corresponder pero que al final simplemente no pasa de un beso, además va “panzándola” en la escuela y encima de eso, tiene que lidiar con los problemas que hay en su casa y con sus propios complejos además de que se siente más sola que nunca.

¿Nada cercano a la realidad, verdad?

A Elena le rompen el corazón, y sin que ella lo sepa, ella rompe el corazón de alguien más, cosa que seguramente te ha pasado a ti, pero no te preocupes, te guardaré el secreto.

Además, Elena conoce por primera vez lo que es hacer trampa, lo que es enamorarte y comenzar a sentir cosas que jamás habías sentido, y por las cuáles sientes tanta curiosidad como miedo.

Elena llora. Elena ríe. Elena siente miedo. Elena se aventura. Elena confía. Elena sufre. Elena aprende.

A pesar de todo esto, Elena es una chava que en el camino a librar todos éstos problemas, aprende que al final todo tiene arreglo y que la vida sigue.

Dice Dani que todo es de ensayo y error y que lo que no te mata te hace más fuerte, y que nunca tenga miedo de hacerle caso a los que sienta.

Que siga diciéndole siempre “sí” a la vida. No tengo miedo. Lo que siento ahorita se siente bien. Tengo una cosquilla rara, no sé bien de qué, pero como de ganas de lo que siga.

Estoy empezando a pensar cosas más clavadas, como que todo viene del mar y de las estrellas y así, cuando me cae un montón de arena en el brazo.

Volteo y es una escluincla como de cuatro años y se está muriendo de la risa, la mensa. No me da tiempo de preguntarle que qué le pasa y dónde están sus papás porque las preguntas las hace ella.

-¿A qué juegas?

-A nada.

-¿Estás solita?

-No.

-¿Con quién estás?

Estoy a punto de contestarle que con mi familia, pero pienso otra cosa y cuando lo digo me siento increíble.

-Estoy conmigo.

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