La imaginación es un don con el que todos nacemos, pero que desarrollamos de diversas maneras. Cada forma de Arte requiere de un componente adicional para la construcción de algo único y diferente que separe nuestra creatividad de otras. Ese componente es nuestra personalidad, cuyos rasgos estarán integrados a todo lo que seamos capaces de inventar.

            Los escritores, por ejemplo, tenemos la fortuna de plasmar nuestras ideas mediante palabras que pueden ser interminables en extensión y significado.

La dirección también es infinita. Si queremos crear galaxias en conflicto, escuelas de magia o leyendas de anillos poderosos, podemos hacerlo. Ahora, ¿cómo organizo todos los pensamientos para convertirlos en algo sólido? Muy sencillo: ordene el rompecabezas.

            No necesita encontrar soluciones para que su narración tenga sentido, sólo tiene que escribir sus ideas, aunque no parezcan tener relación entre sí.

Drenarlas le servirá para tener una visión más amplia y ordenada de adónde se dirige el relato y, aún más importante, le dará la oportunidad de descartar lo malo y fortalecer lo bueno. Eso sí, por más que piense que una idea es débil, no se deshaga de ella. En el futuro podría ayudarle a establecer conexiones en los temas secundarios de su libro.

            ¿Qué son temas secundarios? Básicamente, son las historias que surgen en torno a la trama principal.

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Arte

Si los árboles estuviesen compuestos sólo de sus troncos, no podríamos apreciar su belleza ni disfrutar su protección en los días soleados. En cambio, si camináramos entre ramas enormes y hojas copiosas, disfrutaríamos de su frescura. Incluya la “frescura” en su narración construyendo relatos que también le den protagonismo a su mundo, su cultura y su religión.

            Por supuesto, esto no significa que debe sobrecargarlo, sino encontrar el equilibrio entre ambos límites.

En caso de que tenga problemas para la creación de personajes, lea un poco de psicología. Los trastornos mentales le darán una idea de lo que quiere o no integrar en él. Nútrase de las manías, ansiedades y fobias. Cree un lado oscuro que le dé la opción de reinventarlo. ¿Cómo se verían los personajes de Burton si fueran seres de luz?

            Otro punto, es no presionarse ni forzar los diálogos.

En una conversación normal, las palabras fluyen y en los libros debe ocurrir lo mismo sea cual sea la circunstancia. Nada de palabras trilladas ni lenguajes demasiado obscenos. El deber del escritor es ser consecuente y coherente con los hechos y las palabras.

            Por último, debe considerar el final. Si es un “felices para siempre” tómese su tiempo para terminarlo adecuadamente, no cortando la narración bruscamente.

Si es un “continuará” asegúrese de crearle al lector el sentimiento de incertidumbre respecto a lo que vendrá. Y si, contrario a lo antes expuesto, su final es trágico, tenga la audacia de dar el golpe cuando menos lo espere.

            Imagine, cree y escriba.

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