El año pasado la crítica de cine especializada coronó como mejor película del año The Assassin, una película taiwanesa de Huo Hsiao-Hsien protagonizada por una mujer con una habilidad para la lucha envidiable. Todos recordamos también a Mulan, la heroína china de Disney. Si estos personajes han llegado a la gran pantalla es porque existieron de verdad, pero más allá de antiguos manuscritos no habían imágenes que certificasen el poder de estas guerreras.

La web The Vintage News, de la que se ha hecho eco Dangeours Minds, ha sacado a la luz diferentes fotografías de las Onna-bugeisha japonesas, tan mortíferas como la protagonista de The Assassin y valientes como Mulan.

Las Onna-bugeisha pertenecían a la nobleza japonesa, en concreto formaban parte de la clase feudal bushi (samurái). Era entrenadas en el uso de las armas para proteger al dueño del hogar, a la familia y al honor en tiempos de guerra.

Pero muchas de ellas terminaron formando parte de las constantes batallas japonesas junto con los samuráis. Una de ellas, la emperatriz Jingu (169-269 d.C.) fue sumamente reconocida por liderar la invasión de Corea en el año 200 después de que su marido, el emperador Chuai muriese en el campo de batalla. La leyenda dice que no derramó una gota de sangre durante la conquista. Además, Jingu, a lo largo de sus cien años de vida, utilizó sus habilidades para motivar el cambio económico y social de Japón.

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Fue tan importante que llegó a ser la primera Mujer en aparecer en un billete del banco japonés en el año 1881.

Aemás de Jingu, otras mujeres Onna-bugeisha han sido reconocidas a lo largo de la historia. Durante la Guerra de Genpei (1180-1185) se escribió el Cantar de Heike (Heike Monogatari), un relato épico sobre el coraje de los samuráis. En el aparece Tomoe Gozen, sirvienta de Minamoto Yoshinaka (clan Minamoto), que ayudo a éste a defender contra su propio primo, Minamoto no Yoritomo, en la batalla de Awazu (21 de febrero de 1184).

En el Cantar de Heike es descrita como “especialmente bella, con blanca piel, largo peinado y encantadora”. Tomoe Gozen destacó especialmente en el uso del arco. Pero la espada tampoco se le daba mal, y se dice de ella que con el filo de su katana acabo con la vida de más de mil hombres. Más adelante abrió muchas escuelas de Naginata, un arma usada tradicionalmente por las Onna-bugeisha para contrarrestar el poderío físico de los hombres.

Siglos más tarde, en el XIX, destaca la figura de Nakano Takeko. Esta Onna-bugeisha lideró la batalla contra el ejercito del Imperio Japonés del dominio de Ogaki. Antes de morir recibiendo un disparo en el pecho, Takeko le pidó a su hermana que si esto sucedía le cortara la cabeza y la enterrase para que el enemigo no la tuviese como trofeo. Así se hizo y hoy se encuentra bajo un pino en el templo Hokai.

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