Es una de las actrices inglesas más cotizadas del momento. Su papel de Margaery Tyrell en la famosa serie Juego de Tronos lo corrobora, porque aunque haya aparecido en títulos tan importantes como Rush, de Ron Howard o El consejero, de Ridley Scott, lo hizo en papeles tan pequeños que había que conocerla para poder identificarla.

Pero esta jovencita de 24 años recién cumplidos ya es un rostro familiar para todos: si a alguien le faltara por ver sus trabajos anteriormente citados, seguro que la ha visto interpretar a Ana Bolena en la serie Los Tudor, a la soldado Lorraine del Ejército americano en Capitán América: El primer vengador o a Cressida en las dos partes de Sinsajo, el díptico que cierra la saga de Los juegos del hambre.

Una filmografía, por lo tanto, que bascula entre el lo más comercial y lo más arriesgado, como debe ser la carrera de cualquier profesional que pretenda destacar ante todo tipo de público. Y en ese avanzar en variedad de proyectos, Natalie se ha internado, nunca mejor dicho, en el territorio del miedo, convirtiéndose en la doble protagonista de una cinta inquietante que ahora llega a nuestras pantallas.

Protagonista doble porque en El bosque de los suicidios no es Natalie, sino Sara y Jess, hermanas gemelas con una diferencia física, el color del pelo, y otra psicológica, que no es cuestión de desvelar aquí. Sara, la rubia de las dos chicas, acapara el relato porque es quien, una vez sabido que Jess ha desaparecido en el lugar que da título a la película, no duda ni un instante en intentar encontrarla.

Acompañada por Aiden (Taylor Kinney) a lo largo del recorrido que en Japón es conocido por lo poco recomendable que resulta su visita, ya que quien se adentra en él lo hace para acabar con su vida, labor a la que lo inducen las visiones irreales que el bosque produce, Sara no deja de sospechar intenciones oscuras en todo aquel con el que se va cruzando, incluyendo a la recepcionista del complejo donde tanto ella como su hermana se han hospedado,

El Cine de terror japonés ha dado auténticas joyas en el género, que fueron muy populares en la gran pantalla en la década que dio inicio al siglo, los años 2000, pero que se desvaneció rápidamente debido a lo distintas que son la cultura oriental de la occidental.

Así que ver una película de terror con toques asiáticos resulta una interesante reminiscencia del momento en que obras como Ringu o Dark Water, ambas basadas en novelas de Koji Suzuki, estaban entre las recomendaciones de los espectadores más exigentes.

Pero El bosque de los suicidios no tiene la grandeza de aquellas.

Está, de hecho, muy lejos de alcanzarla. Lo único que puede llamar la atención de la película es la presencia de Natalie Dormer, que para sus fans es un regalo. Apenas hay planos donde no aparezca, ya sea como una u otra hermana, lo cual no decepciona a quien decida ver la película por ella. Lo que sí resultará frustrante es comprobar cómo un personaje estereotipado no es capaz de sacar todo el talento que habita en la intérprete.

Sara y Jess se funden en una misma persona y dejan a Natalie sin excesivo material con el que trabajar. Tendrán que ser Patient Zero y Official Secrets, sus dos nuevos proyectos, los que confirmen su fuerza arrolladora lejos de la pequeña pantalla.

Sigue la página Televisión
Seguir
¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!