A la ceremonia de los Goya 2016 le han llovido las críticas, y muchas de ellas con razón. Y es que apenas se notó que se tratara de un aniversario tan redondo, los 30 años de entrega de estatuillas, que comenzaron teniendo un diseño con cámara incorporada que emergía de la cabeza del pintor, pero que tuvo que eliminarse debido a su coste y a su peso. Referencias a Amanece que no es poco, vídeos de ganadores previos y un espléndido homenaje a Luis Buñuel con los tambores de Calanda llenando el Auditorio para cerrar la gala fueron los únicos detalles que festejaron el aniversario.

Tampoco se vio bien que algunos agradecimientos que se extendían demasiado los fuera cortando una música que se hizo definitivamente impertinente cuando el discurso de la mejor actriz se cortó de forma tan abrupta.

Natalia de Molina, ganadora por Techo y comida, concluyó en Twitter su mensaje.

Sí, fue una ceremonia de la que se esperaba más.Dani Rovira, brilló como se debe, aunque el nivel que alcanzó el maestro de ceremonias en la primera gala que presentó sigue siendo insuperable. Pero no deja de ser cierto que si hay algo que divierta en España es criticarlo todo, incluyendo también lo positivo en el saco de los desechos.

Y hubo momentos preciosos en la gala, tan emotivos como Truman, la película ganadora, porque nadie negará que no resultó precioso ver el abrazo de Miguel Herrán, mejor actor revelación por A cambio de nada, a Daniel Guzmán, su director. O que observar los ojos desbordados de lágrimas de éste escuchando a su intérprete no valió la pena.

Tanto como ver los de su abuela cuando Daniel le agradeció el que luego obtuvo.

Igual de impagable fue presenciar el discurso de agradecimiento de Irene Escolar, mejor actriz revelación por Un otoño sin Berlín. Deslumbrar al recoger un premio era eso.

La intervención de Jorge Blass fue otro punto a favor.

Rápido, ágil y divertido. Visto y no visto, y todo tan real como si de verdad hubiera sucedido. Además de cantar, en las ceremonias de premios también se puede hacer magia. Eso es más de lo que nunca hizo David Copperfield cuando acudía a los Oscars con Claudia Schiffer, allá por los noventa.

Ver a Mariano Ozores, rey de la taquilla en España durante una época no tan lejana, poniendo en pie a la Academia gracias a la recepción de su Goya de Honor, acompañado por sus sobrinas Emma y Adriana fue otro momento histórico.

Muchos apostaban porque sucediera pero pocos lo veían posible: el Cine de Mariano, aplaudido por los espectadores, era por fin reconocido a nivel institucional.

Y cómo no, hay que destacar la presencia en el patio de butacas de Tim Robbins, Juliette Binoche y Ricardo Darín. Norteamericano, francesa y argentino. Los tres estaban nominados y aunque solo Darín era favorito todos acudieron a una gala en la que iba a primar el español, referencias a la política nacional incluida, por lo que cabía la posibilidad de que por momentos se pudieran encontrar algo perdidos.

Pero lo que cuenta es que estuvieron allí. Los Goya lo merecían. Son los premios cinematográficos más importantes de nuestro país y lo demostraron con su asistencia.

Deberíamos estar orgullosos de que los actores internacionales que trabajan en nuestras películas también acudan a la gala de los premios que los tienen en cuenta.

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