Pocos personajes pueden presumir de tener a su sombra como una leyenda. Peter Pan, claro, es uno de ellos, el otro, Indiana Jones. El sombrero silueteado precediendo al aventurero que encarnó, y quién sabe si lo seguirá haciendo en un futuro próximo, Harrison Ford, es una de las imágenes míticas que nos dejó el Cine del siglo XX, con el mérito añadido de situar al no siempre respetado género de aventuras a la altura del los iconos más prestigiosos del celuloide.

Una vez asumida la grandeza de esa reconocible silueta, lamentemos que su creador, el director de fotografía Douglas Slocombe, haya fallecido y hagámoslo todavía más cuando repasamos su palmarés y descubramos, en la semana de la nueva entrega de los Oscar, que jamás recibió una estatuilla pese a sus tres nominaciones, una de ellas, precisamente la última, por la película que dio origen a la saga, de la cual, aclaremos, él no fotografió su cuarta entrega.

Viajes con mi tía, la cinta por la que sí lo obtuvo Maggie Smith como mejor actriz, Julia, que le dio Oscars a sus actores secundarios, Jason Robards y Vanessa Redgrave, además de conseguir el de mejor guion adaptado, y En busca del Arca perdida, esa obra maestra de Steven Spielberg que ganó cuatro pero ninguno de ellos a los aspectos que más se recuerdan del film: la dirección, prodigiosa, el tema principal, firmado por John Williams, posiblemente de los tres más grandes jamas compuestos para una banda sonora, ni su fotografía, un tesoro tan enorme como el que sus protagonistas andan buscando.

Esa bola gigantesca persiguiendo a Indiana al comienzo de la leyenda, la batalla campal en medio de la espuma para hacerse con un antídoto en su segunda parte, Indiana Jones y el templo maldito, o la bellísima ciudad de Petra que Slocombe plasmó en Indiana Jones y la última cruzada, el trabajo que, por cierto, cierra su carrera, son motivo suficiente para considerarlo un maestro.

El león en invierno, El baile de los vampiros, El sirviente, por supuesto que tenía otras joyas en su extensa carrera, pero Indiana Jones colocándose el sombrero es algo descomunal, fundamental para la cultura pop de todo cinéfilo, un elemento precioso que une a miles de espectadores que crecieron con el personaje desde su nacimiento hasta la temida quinta parte que casi ningún fan quiere ver convertida en realidad.

Porque Indy era este que nos regaló Douglas Slocombe, este que su fotografía nos dejó. Sin él no habríamos tenido esos planos tan significativos, tan bonitos. Sin él, el aventurero por antonomasia no contaría con una silueta de leyenda.

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