Al salir de clase, El comisario o Los hombres de Paco forjaron para Hugo Silva la solidez de unos títulos que asociaban su nombre al del éxito garantizado. Espléndido en el trabajo que cada papel exigía, su talento pedía también ir subiendo peldaños hacia sus siguientes retos.

Agallas, película que de haber gozado de mayor publicidad hubiera tenido el reconocimiento que merecía, le dio un empujón apabullante. Unirse al reparto de Los amantes pasajeros, por muy denostada que haya sido la película, también sumaba puntos en su carrera: suponía haber trabajado con Pedro Almodóvar. Y más tarde se convirtió en uno de los reclamos para Álex de la Iglesia, tanto para Las brujas de Zugarramurdi como para Mi gran noche o Musarañas, film que no dirigió el maestro, pero sí produjo, las cuales terminaron de consagrarlo como gran intérprete.

Cuando ya nada tenía que demostrar, dos proyectos, uno en la pequeña pantalla y otro en la grande, se juntan para que Hugo dé el salto definitivo a la liga en la que solo se mueven los mejores: por un lado, su personaje de Pacino en El Ministerio del Tiempo ha provocado aplausos entre los seguidores de la serie y los admiradores del policía que interpretaba Al en la estupenda Serpico, que Sidney Lumet dirigió en 1972, y por otro, ese Jorge que en Tenemos que hablar lucha hasta la extenuación por recuperar a la mujer de la que no se quiere divorciar.

Suspense, thriller, drama y mucho humor en la serie que TVE emite los lunes por la noche, frente al humor a secas de la comedia que ahora estrena en los cines. Quien tenga ocasión de comparar a un Silva con otro se sentirá satisfecho del resultado porque no hay nada más bonito que ponerse a ver un título pensando que tiene posibilidades de gustarnos y que al acabar, efectivamente lo haya hecho. Y en Hugo recae buena parte de las razones por las cuales lo hace.

Asistir al proceso de homenaje de Silva a Pacino con un personaje que se llama como el actor que interpretó al que lleva su imagen en la serie es todo un espectáculo. Su chulería, tan agradecida en el género del policíaco, como bien supo en su día el John McCLane de La jungla de cristal, sumada al hartazgo que caracteriza al personaje original, da como resultado un experimento al que la serie no solo no debería renunciar sino que se antoja imprescindible con efecto retroactivo: acabamos de conocerlo y ya querríamos que nos lo hubieran presentado mucho antes.

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Por lo que respecta a Tenemos que hablar, Hugo Silva brilla metido en la personalidad de Jorge, un chico que está en paro y que aunque no tenga novia aún permanece atado, y no solo legalmente, a Nuria, a la que sigue considerando la mujer de su vida. Un papel precioso y divertido, exactamente aquello que piden los espectadores. 

Está claro que Silva vive un momento profesional exquisito, que sumado al cariño del público da como resultado una fórmula irresistible. #Televisión #Cine #Famosos