Primero habíamos escuchado la muerte de Harper Lee, cuyo nombre poco dice a quien no sea experto en Literatura, pero su única novela, ganadora del Pulitzer, fue llevada al #Cine con gran éxito, “Matar un ruiseñor”, con Gregory Peck bordando el papel del bondadoso abogado sureño Atticus Finch, aunque ella era una furibunda crítica de la sociedad sureña de su país, la cual actualmente es un poco mejor que en su juventud, con aquel racismo que dejaba a los afroamericanos en semiesclavitud. Era conocida por ser amiga de Truman Capote, a quien ayudó cuando se documentaba sobre el asesinato de la familia Clutter en Kansas y la detención y ejecución de sus asesinos, que el escritor llevaría a su libro “A sangre fría”, creando la “novela de no ficción”.

Y poco después, segundo puñetazo en el estómago: Umberto Eco, el autor de “El nombre de la rosa”, también muere.

Era cinco años más joven que Harper Lee, y conocido como escritor y filósofo. En un reciente programa del “Salvados” de Jordi Évole, se citaba su “teoría del ventilador”, escuchábamos su voz, describiendo magistralmente cómo Silvio Berlusconi sabe salpicar a quienes le estorban para desacreditarles. Algo, en definitiva, que hacen los políticos y los medios para eliminar o neutralizar a quienes no piensen como ellos o les quieran robar protagonismo.

En una sociedad como la actual, que desdeña la Filosofía, que algunos jóvenes desprecia con aire de superioridad de chulos de barrios bajos, hace falta gente como estas dos personalidades que nos han dejado. Lo malo es que si no sales en programas de televisión, los más populares, haciendo el payaso, nadie te escuchará ni mucho menos leerá tus #Libros, por muy buenos que sean.

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Cuando Harper Lee escribió su novela, se inspiró en personajes cercanos a ella misma, cuando tenía 34 años, en 1960. Se inspiró en su padre, también abogado, para el personaje de Atticus Finch. Coincidió con su colaboración con Capote para investigar sobre el asesinato múltiple de los Clutter. Eso sí, se llevó una decepción con el escritor, ya que sólo se acordaba de ella en “A sangre fría” con una dedicatoria, compartida además con el compañero sentimental de él.

Nunca publicó más novelas, pero tenía otra escrita que se publicó en 2015, “Vete y deja un centinela”, que continuaba “Matar un ruiseñor”, la cual su abogada encontró por casualidad. Nunca concedió entrevistas después del éxito de su obra, y vivió discretamente hasta su muerte.

Mientras, Umberto Eco también fue inmortalizado por una novela y una película basada en ella, aunque él fue más prolífico. El prestigioso diario italiano “La Repubblica” le despide con “Adiós a Umberto Eco, el hombre que lo sabía todo”. Todo no sabemos, pero sí de las personalidades más lúcidas y claras.

Poco antes de morir había publicado su última novela, “Número cero”, donde hablaba de la crisis del Periodismo.

Era muy crítico con Internet, que según él, “había conseguido que el tonto del pueblo fuera visto como el portador de la verdad”.

Aparte de escritor, era filósofo y experto en Semántica, a la cual dedicó varios libros. Fue profesor en muchos centros prestigiosos de su país, empezando su labor docente en 1971.

“El nombre de la rosa”, ya lo sabemos: certera descripción de una abadía de la Italia del siglo XIV, donde llega un monje y su ayudante, un novicio, para aclarar asesinatos, que destaparán una cara sórdida de la Iglesia desconocida por la gente.