Los hechos tuvieron lugar en el restaurante Vesuvio, de Carmel, en California. Bill Murray se encontraba en una fiesta con motivo de la competición de golf que tiene lugar todos los años en Pebble Beach, cuando parece ser que unos flashes lo pusieron de mal humor. Unos fans habrían visto al actor y lo estarían fotografiando con sus móviles cuando, enfurecido, Bill, según testigos, se lanzó a por sus teléfonos y los arrojó por la azotea.

La policía sigue investigando el suceso y el dueño del restaurante ha cambiado su política de comportamiento en él, prohibiendo hacerles fotos a los numerosos Famosos que acuden a su establecimiento.

Los afectados decidieron no denunciar a Murray y éste se comprometió a reponerles los teléfonos dañados.

La anécdota no es bonita. Ni heroica. No es aquella que todos conocemos de Harrison Ford salvando, gracias a su licencia de piloto, la vida de un hombre que quedó atrapado en un lugar de difícil acceso. No, más bien se parece a otra que también resultó llamativa, protagonizada por Russell Crowe en el año 2005, según la cual se peleó con un empleado del hotel Mercer Street de Nueva York. Después de tirarle el teléfono a la cara fue arrestado con cargos de agresión en segundo grado, delito por el que si hubiera sido condenado, hubiera tenido que pasarse en prisión hasta un año.

Bill Murray es un actor querido por todos los fans de Los Cazafantasmas,Atrapado en el tiempo oLost In Translation, por no citar las películas de culto que ha rodado con Wes Anderson, Life Aquatic a la cabeza, o sus escasos minutos en Bienvenidos a Zombieland interpretando en ella a una parodia de sí mismo que tuvo una acogida excepcional.

Pero quienes han trabajado con él saben que Murray, por mucha fascinación que despierte, no es un tipo fácil.

Dan Aykroyd, compañero en Los Cazafantasmas, le puso The Murricane como apodo, ya que Hurricane es la palabra inglesa para denominar a los huracanes. Hasta ese punto es Bill complicado. Se trata de un actor sin agente, se niega a tenerlo.

Dispone, eso sí, de un número donde localizarlo y contarle en él el proyecto que se tercie, pero la línea telefónica es su único contacto con los guiones antes de aceptarlos.

La realidad frente a la ficción a veces es más desagradable de lo que nos gustaría. Leer noticias sobre actores mundialmente admirados que no responden a lo que querríamos saber sobre ellos es decepcionante.

Pero también es verdad que, aunque muchas veces no tengamos en cuenta que lejos de los platós son personas y no personajes, el aura de grandeza que la fama les ha otorgado los convierte, a nuestros ojos, en seres sin tacha. Es la vida real la que muestra a las estrellas con su auténtico rostro cuando no se encuentran delante de los focos.

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