La clave está en ese 'para adultos' que, lejos de ser inofensivo o intrascendente, no es sino el dato que nos debe informar acerca del tipo de película que vamos a ver. No toda la Animación está destinada a los niños. Por extraño que parezca, porque a ello nos acostumbró Disney cuando la compañía de Walt no tenía otra competencia, hay películas que no solo no están concebidas para el público infantil sino que incluso es recomendable que éste no se acerque a ellas.

Fue el caso de South Park, serie televisiva convertida en largometraje que alguno no esperaba tan explícito y también el de O Apóstolo, cinta gallega que situaba su argumento en el Camino de Santiago y que también impactó a quienes no pensaban que fuera a ser tan oscura.

PersépolisyVals con Bashir, Cine político contado a través de personajes dibujados, Arrugas, protagonizada por el Alzheimer, o Chico y Rita, la historia de amor entre dos músicos en la Cuba de los años 50 que nos regaló en 2011 Fernando Trueba, son muestras deque el cine animado también piensa en el público que sobrepasa la mayoría de edad.

El último estreno enfocado a ese perfil es Anomalisa. Charlie Kaufman, estupendo guionista de las extrañas Cómo ser John Malkovich u ¡Olvídate de mí!, escoge la animación stop-motion para enfrentarse a su segundo film, situado en el mundo de Michael Stone, un hombre que se gana la vida dando conferencias para motivar a los demás y que de repente no encuentra motivación alguna en su propia existencia.

Hasta que se cruza con Lisa, una joven que no tiene reparos a la hora de admitirsus defectos hasta el punto de declararseincapaz de gustarle a alguien. Nuestro protagonista se quedará fascinado por ella, pero él ya tiene una familia...

Kaufman se sirve de muñequitos animados fotograma a fotograma con la compleja técnica del stop-motion para introducirnos en la mente de dos personas tan singulares como el resto de la humanidad que los rodea.

Nada tienen de especial, lo peculiar en ellas es que un guionista haya puesto el foco de sus teclas en describir su normalidad. Pocas cosas hay más adultas que esa: ver desfilar la vida por el objetivo de una cámara.

El problema surge cuando esa profundidad que se acerca al abismo de una existencia de la que su dueño quiere escapar no resulta empática.

Cuandoesa soledad, que al disponer de familia no es tal porque solo existe en los sentimientos del protagonista, no logra conectar con nosotros más allá de la mera constatación de aquello que le ocurre al personaje.

Ver una película sin que te llene, sin que consiga impresionarte más allá de la técnica utilizada para realizarla, resulta frustrante.Por lo tanto,la animación para adultos tampoco es sinónimo de total acierto. Me pregunto qué habría sido de esta película de haberse rodado de forma convencional, con la imagen real de Jennifer Jason Leigh en el papel de la Lisa que genera el apodo del título en lugar de que la actriz de Los odiosos ocho tan solo le preste, en un trabajo apoteósico por cierto su voz al personaje.

Me pregunto si en ese caso, Anomalisa habría caído en el mismo olvido en que la ópera prima de Kaufman, Synecdoche, New York continúa viviendo.

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