Hace no tantos años aprender un idioma implicaba memorizar listas interminables de vocablos extraños englobados dentro de un tópico o tema que las unía. Más tarde con la ayuda de tecnologías tales como el magnetofón, los casetes o el walkmanse redujo notablemente el número de personas que se rendían al no ver progresos. La verdad es que estos métodos nos preparan para repetir frases ya construidas y repetirlas como loros con el fin de lograr algo de la persona no hispanófona.

Desde mi punto de vista funciona mucho mejor una manera intuitiva en la que el estudiante descubre un idioma, no lo memoriza.

Para este menester son necesarias diversas aptitudes que todos tenemos. No son excusas las siguientes afirmaciones y a continuación iremos viendo qué hay de verdad en ellas: "es que no se me dan bien los idiomas", "es que no tengo tiempo", "es que es un idioma muy difícil y no voy a aprenderlo nunca", "pero yo para qué quiero aprender un idioma, a mi me entienden allá donde voy", "es que es muy caro apuntarse a una academia".

La primera afirma que existe una predisposición a fallar cuando se comienza a aprender una lengua porque "se me da mal".

La prueba de que todo el mundo puede aprender un idioma, de la misma manera que el movimiento se demuestra andando, es que ya habla uno. Llegados a este punto el problema, normalmente, se debe a lagunas preexistentes en el propio idioma, esto es, no conocer la propia lengua en un sentido más profundo (gramática, funciones de los complementos, sujetos/predicados...). Cuando se conoce la gramática del propio idioma se reduce exponencialmente el tiempo que se necesita para aprender otro idioma que más o menos pertenezca a la misma familia.

Por ejemplo, para una persona que hable español será mucho más fácil aprender italiano, portugués, francés o rumano que para un inglés o alemán. Esto se da a partir de la similitud entre las lenguas arriba mencionadas ya que tienen características comunes como, por ejemplo, el uso de numerosos tiempos verbales así como del subjuntivo, una fonética cómoda para un hispanohablante (podrían presentar más dificultades el francés o el rumano), orden sujeto-verbo-objeto, comparten un mismo alfabeto...

El tiempo dedicado al estudio de idiomas, como todo, es relativo y depende de cada persona. Mi experiencia personal me ha demostrado que no se necesita mucho tiempo al día, lo único que se necesita es regularidad, porque es la única manera de hacer avances significativos. Si dividiéramos las competencias que se tienen que adquirir cuando se aprende un idioma (escuchar-hablar, leer-escribir) sería suficiente dedicarle a cada parte un mínimo de quince minutos. Todo el tiempo que se quiera añadir (siempre a voluntad obviamente) se puede dedicar a hacer ejercicios de la gramática que hoy en día (gracias a San Internet) están en todas partes y se pueden hacer de manera online y autocorregirse.

Todos los idiomas son fáciles y difíciles a la vez, me explico, para los hispanohablantes los idiomas fáciles difieren de aquellos que pueden ser fáciles para un chino debido a que para un español aprender y dominar el chino es una laboriosa tarea y viceversa, lo que marca la diferencia es la constancia. Sin embargo un español que intentase aprender italiano lo conseguiría en un tiempo relativamente menor, de la misma manera que para un chino serías más fácil aprender japonés, simplemente por el hecho de que ambos idiomas comparten caracteres ideográficos comunes.

El objetivo al adquirir conocimientos en una nueva lengua no es siempre el de viajar al país donde se habla y practicar con los lugareños, puede ser simplemente una especie de gimnasia cerebral, ya que según un estudio, la mejor manera de prevenir el Alzheimer es estudiar una nueva lenguaque desarrolla conexiones cerebrales que solo se activan a través del proceso de aprendizaje de una lengua extranjera.

Por último, me gustaría hacer hincapié en la facilidad de encontrar cualquier tipo de curso, para cualquier nivel.

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