Cada semana se produce una avalancha de estrenos imposible de abarcar por casi ningún espectador por muy cinéfilo que sea. Decenas de títulos, literalmente, llegan cada viernes a la cartelera y por muchas ganas que se tenga de verlo todo, normalmente, ni siquiera eligiendo los días de tarifas más reducidas, se dispone de tiempo para llegar a ellas. Imposible.

Muchos optan por la vía rápida, la de la descarga en webs que las ofrecen en mayor o menor calidad, ya cada uno descarta a su gusto, porque además si se vive en un pueblo o ciudad de pocos habitantes las posibilidades de que incluso el Cine más lejano la proyecte es tan pequeña que solo se puede contar con el teclado para asegurarse el visionado.

También están esas películas esperadísimas que tardan demasiado, y aunque se acaben estrenando, ponen a prueba la paciencia de los internautas, que la tienen disponible en esa web que afortunadamente no han cerrado, y sus ansias se ven colmadas al darle al botón para bajarlas.

Eso sí, siemprehay películas para las que tal acto no se concibe. Los blockbuster son un buen ejemplo, cintas de efectos especiales que suelen tener prioridad en las salas de cine, como si un film intimista no mereciera también ser disfrutado en grandes dimensiones. Pero parece que los sentimientos no tuvieran importancia, cuando en nuestra vida diaria son el eje que nos mueve y nos conmueve.

Recientemente Star Wars: El despertar de la Fuerza ha batido más de un récord de taquilla.

Alguien se la habrá bajado, claro, pero no es una cifra significativa para oscurecer la hazaña: la mayoría de sus potenciales espectadores querían verla en la pantalla más grande de la Tierra.

Hasta que llegaron Los odiosos ocho y reinventaron el concepto de ir al cine. Quentin Tarantinosabía que hacía bien defendiendo los 70 mm en que tenía que rodarse y proyectarse.

Era consciente de que volver al Ultra Panavision iba a ser una revolución por la que sus fans querrían pelear. Y así está siendo.

El número 1 de recaudación para un western de tres horas de duración es casi un escándalo, y las colas que se están produciendo en el cine Phenomena de Barcelona, el único que tiene la tecnología para exhibirla de la manera en que Quentin la concibió, una de las mejores noticias que podían tener los cinéfilos que ya se alegraron de que, a pesar de las dificultades, en España se pudiera disponer de una copia semejante.

Plantearse viajar a la ciudad condal para disfrutarla es todo un triunfo para un cineasta que ya nada tiene que demostrar. Está considerado un genio con tan solo ocho películas en su filmografía, y todos somos conscientes de que si Tarantino decide que tal formato es el que mejor le va a uno de sus trabajos, ese y no otro es el que debe presentar. Y por eso, quien tiene el cine a mano acude a una de las escasas sesiones que proyectan la película. Porque sabe que está asistiendo a un espectáculo único e irrepetible del que podrá hablar despertando admiración.

Los que no puedan ir a Phenomena tienen el consuelo de verla en un cine convencional en el que también se pueda experimentar un western tan potente como el que ha rodado. No será lo mismo pero sí infinitamente mejor que verlo en un portátil.

También sabemos esto y por eso una película tan particular como Los odiosos ocho ha conseguido auparse a lo más alto del box office. Tarantinoes mucho Tarantino, y esta vez se ha superado.

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