Hace unos años, cuando estaba rodando su penúltima película, “Habemus Papam”, Nanni Morettila rodó preocupado por que su madre, maestra de escuela, estaba muy grave. Cuando estaba montando la película, le llegó la fatal noticia.

Ello, como muchas cosas de la vida, sirven como inspiración, y Moretti ha hecho un gran homenaje a su madre con una sensible película, donde cada detalle está elegido cuidadosamente, aunque al principio parezca que sobra.

Una directora de Cine comprometido, Margherita (Margherita Buy, “Viajo sola”), recién divorciada, afronta el rodaje de su nueva película, un drama social con huelgas, patronos y obreros.

Mientras, su madre, que es maestra de escuela, está grave en el hospital, y los médicos no le dan esperanzas de que mejore. Su hermano Giovanni (Moretti, esta vez en un papel secundario) alternará con ella las visitas a la madre.

Mientras, el rodaje de la película se complicará con la llegada de Barry (John Turturro, “Aprendiz de gigoló”), un actor americano excéntrico, niño grande y que apenas habla italiano. Directora y actor se enfrentarán más de una vez en discusiones, aunque luego hagan amistad.

Veremos continuamente alternarse ambos mundos, que se complementan, sobre todo el del hospital, para hacernos menos doloroso el inminente final de la madre, a lo cual Moretti, sabiamente, como en “La habitación del hijo” (Palma de Oro en Cannes en 1997), despoja de todo sentimentalismo cursi o tremendista, con su habitual tono cotidiano, e incluso con un cierto tono distante, frío, sin llegar para nada a parecerse a Haneke, dándole su tono festivo muy italiano.

Los tres protagonistas son lo mejor, ya que el resto queda en segundo plano, la madre incluida (excelente Giulia Lazzarini), ya que el guión se centra en Buy, Moretti y Turturro casi exclusivamente. Cada uno con su estilo: Buy, extraordinaria su interpretación, muy contenida cuando hace falta y tampoco desentona cuando está nerviosa; Moretti se limita a apoyar a su hermana en la ficción, y Turturroestá correcto, aunque se le podría haber aprovechado más, en su personaje de ópera bufa, más que otra cosa, que varias ocasiones presumía de haber trabajado con Kubrick, algo que todos le recuerdan que jamás ocurrió.

Hay momentos que pueden ser algo confusos, ya que Moretti mezcla pasado y presente, vuelta atrás, vuelta adelante, con la misma naturalidad que lo hace siempre Woody Allen, e incluso mezcla escenas que luego resultan ser pesadillas de la protagonista, angustiada por su madre.

Las escenas del rodaje son las más movidas, ya que es una película coral, con cientos de figurantes como los obreros en huelga o en manifestación, los policías que les pegarán y la irrupción caótica del actor Barry, en muchos momentos incapaz de aprenderse bien sus diálogos o de hablar un italiano coherente, lo que provoca el mal humor de Margherita, que también se muestra sobrepasada, sacando defectos a todo sin parar.

Película sin concesiones a la galería, como es habitual en Moretti, que sabe lo que quiere contar y que deja a Hollywood a la altura del betún, ya que allí, con muchos más medios y espectacularidad, la habrían convertido en una infumable historia de lágrima fácil y moralina metida con calzador.

MIA MADRE: * * * *

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