Una preciosidad. Esa es la primera palabra con la que se nos ocurre calificar los carteles con los que la Academia de Hollywood anuncia su gala de 2016, la que tendrá lugar el próximo 28 de febrero, en la madrugada del domingo al lunes, si atendemos a la hora española.

Todavía no conocemos a los candidatos de la edición número 88 de los famosos premios, que se harán públicos el jueves 14 de la mano, entre otros, del director Guillermo del Toro, pero ya tenemos el lema que acompañará la espera: We all dream in gold, lo que traducido a nuestro idioma significa Todos soñamos en dorado, en clara alusión al color en el que está bañada la estatuilla más codiciada de la industria.

Y ese slogan está integrado en una serie de carteles compuestos por fotografías reales de ganadores en años anteriores, actores que son parte de la historia de los Oscar: Meryl Streep, cuando lo obtuvo como mejor actriz por La Dama de Hierro, Lupita Nyong´o posando para los fotógrafos al vencer gracias a su trabajo en 12 años de esclavitud o Ben Affleck y George Clooney que, en su faceta de productores, fueron los mejores del 2013 debido a su film Argo. El Oscar lo hizo público la Primera Dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en una conexión en directo a la que dio paso Jack Nicholson, y también con el intérprete aparecen Clooney y Affleck en su cartel correspondiente.

Pero el que en España llama más la atención es ese cuya instantánea se realizó en el photocall posterior a la gala de 2008, en la que que Daniel Day-Lewis por Pozos de ambición, Tilda Swinton por Michael Clayton, Marion Cotillard por La vida en rosa y Javier Bardem por No es país para viejos fueron los ganadores.

Toda la serie aparece retocada, pasados sus protagonistas a un maravilloso blanco y negro, el color en que muchos afirman que soñamos, para dejar en dorado, el suyo real, el del Oscar. El contraste no puede haber quedado mejor. Y el mensaje logra a la perfección jugar con el hecho de que todos, profesionales del gremio, espectadores y prensa especializada, sepamos que el dorado premio es el más deseado y publicitado del mundo, aquel en torno al cual gira la calidad de una película, y los sueños de obtenerlo como recompensa al trabajo realizado en ella.

Esta es una muestra más de lo bien que Hollywood sabe venderse. Nadie más, ninguna otra industria, ni siquiera la francesa, que tanta importancia tiene para su país y tan bien situada culturalmente de cara al resto del mundo está, luce semejante despliegue. Independientemente de que el Cine norteamericano guste más o menos, convenza o no a la totalidad de los espectadores, está claro que se debe al espectáculo y lo da con una contundencia, un dominio del negocio y una sabiduría tan absoluta de los pasos a dar para impresionar a su audiencia que lo único que cabe es rendirse a la evidencia de que si todavía falta alguien que no sueñe en oro, no va a tardar en hacerlo.

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