En 1998 Leonardo DiCaprio gritaba, desde la proa del Titanic, que era el rey del mundo. Y no mentía: lo fue entonces, al lado de Kate Winslet, y lo seguiría siendo en decenas de películas más hasta convertirse en uno de los actores fetiche de Martin Scorsese y de buena parte de los directores de élite de la industria norteamericana, el último de los cuales, Alejandro González Iñárritu, obtuvo el Oscar por Birdman en la edición del año pasado.

Pero Leo continúa esperando su momento para proclamarse, además del rey del mundo, rey de Hollywood, y levantar ante sus compañeros y los fans que lo ven desde casa, el ansiado Oscar que tanto merece y tanto se le resiste.

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De cara al 28 de febrero, día en que tendrá lugar la ceremonia de entrega, se enfrenta a su sexta candidatura, tras cinco fracasos anteriores, en los que ni por ¿A quién ama Gilbert Grape? cuando contaba con 19, ni por El aviador, Diamante de sangre o El lobo de Wall Street le fue posible subir a recogerlo.

Todo apunta a que este 2016 será el que le dé la gloria. Protagoniza El renacido, una película compleja en cuando a tempo narrativo, de esas que parecen tener montaje pero no elipsis, en las que la cámara adora todo lo que filma y el director nos transmite esa pasión por la perfección de cada plano.

Y en medio de la naturaleza, tan amiga para ofrecernos el oxígeno que necesitamos o para darnos el escenario de preciosas fotos, tan enemiga cuando el frío y la nieve no dan tregua, se sitúa un Leonardo DiCaprio dispuesto a asombrarnos a todos.

No hay nada que no le pase en El renacido. Nada por lo que no sufra, tanto a nivel emocional como físico y, una vez más, nada por lo que no se gane nuestra admiración. Su trabajo es de una exquisitez apabullante, de una precisión tan soberbia que, de hacerse con el Oscar, sería precioso saber que lo consiguió por un personaje en el que se ha dejado la piel.

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Literalmente.

Buena parte de la película carece de diálogos, tal vez la mitad de la misma, y esa circunstancia, que para algunos espectadores no será precisamente lo más buscado al pretender encontrar Cine de evasión en la cartelera, favorece como pocas el lucimiento de esta bestia de la pantalla de es DiCaprio.

Su esfuerzo por sobrevivir a la experiencia que la película le propone es equivalente a la espectacularidad que le imprime a sus intervenciones en ella. No desaprovecha ningún plano para exhibir su genio como intérprete y demostrarle a la Academia que cualquier voto que no vaya a su favor estará malgastado.

Pero como cada minuto que Leo interviene en El renacido es un prodigio, cada paso un acierto y cada decisión de su personaje un punto a su favor, será difícil que el próximo 28 de febrero se vaya a casa sin la estatuilla, sin haber puesto a la Academia en pie para celebrar con él una victoria que se lleva retrasando años y que por fin está a su alcance.