A solo horas de haberse dado a conocer el fallecimiento del reconocido cantante de The Eagles Glenn Frey, los fanáticos de la Música parecen reconocer que no solamente han comprobado que el 2016 está comenzando de una manera deprimente, sino que además se están viviendo unos tiempos de ocaso, donde las leyendas pasan a mejor vida y el firmamento de este espectáculo conocido como el rock se está quedando sin estrellas.

Y es que el nuevo año ha resultado ser la continuación de un período nefasto al representar la continuación de una racha que colecciona personalidades del mundo del rock, días antes del deceso de Frey, el mundo se estremeció al morir David Bowie, cuyo colega y baterista de Mott The Hoople Dale Griffin falleció este lunes 18 de enero coincidiendo con la desaparición física de Frey.

Todo esto a tan solo pocas semanas cuando los metalheads lloran todavía la pérdida del líder de Motörhead Lemmy Kilmister, demasiadas coincidencias siniestras en tan poco tiempo.

No es de extrañar que los rockeros del mundo se sientan tristes y vulnerables en estos días cuando presencian a sus héroes caer después de décadas de conciertos, álbumes y momentos legendarios en el imaginario colectivo. No habrá otros como ellos, y los supuestos íconos de la música actual no se acercan al significado que tuvieron semejantes personalidades que triunfaron sonando con la irreverencia e impetuosidad que han justificado seguidores a lo largo del tiempo.

Aún así, hay quienes que no solo se está presenciando una despedida masiva a los representantes del género, sino que la música en sí, está pasando por un otoño lúgubre.

Ciertamente, las bandas clásicas de rock tienen décadas de haberse formado y el tiempo pasa factura; aunque existen agrupaciones más recientes que tocan con calidad y frescura, no llegan a llenar los estadios con legiones de fans como lo hacen veteranos como Iron Maiden y Metallica. En resumidas cuentas, no se siente la presencia de una generación de relevo que reclame la masiva presencia de fans en conciertos y toques.

Los más pesimistas culpan a la tecnología por el debilitamiento de la música rock en la cultura popular. Gene Simmons lo dijo de la manera más polémica posible “el rock ha muerto, y fue asesinado”, culpando a las posibilidades de la piratería del formato digital, y también a las oportunidades de autopromoción en programas de tele-realidad, dificultando el descubrimiento de verdaderos talentos musicales.

Ciertamente con el auge de las nuevas tecnologías que han traído la democratización de la información por internet, han conllevado también a cierta vulgarización del material audiovisual, haciendo la posibilidad de que algún chico con aspiraciones al estrellato simplemente suba un video a la red y se dé a conocer, dejando atrás aquellos días de trabajo arduo cuando las bandas tenían que promocionarse en bares y pubs, logrando que además del esfuerzo para alcanzar la cima fuera una hazaña no solo posible, sino además auténtica.

Ante la inevitable desaparición de los referentes del rock y la pérdida de popularidad en esta música, el impulso del llamado “folklore de las ciudades” según el periodista argentino Franco Varise, parece que quedará en manos de los propios fans, viejos y nuevos.

Los caminos a tomar para la revitalización de este género podrían quedar en volver a lo que era en sus inicios, una contracultura, hacer valer la identidad de un sonido que sus leyendas convirtieron en estilo de vida.

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