Spotlight es la americanada, que cada año se cuela en los Oscar. Una historia bigger than life basada en hechos reales, con personajes que se superan a si mismos para lograr el éxito y demostrar que la unión, el compañerismo y la confianza son las bases para construir una gran nación. Formalmente también sigue la línea marcada: corte clásico, director con mano invisible y sin personalidad, guión bien trenzado para mantenernos avispados en todo momento y final satisfactorio aunque un poco amargo porque la historia siempre continúa.

Solo hace falta hacer una ligera comparación entre dos films que parten del mismo corte para darse cuenta de la calidad y de la mano que lo dirige, un autor o un mero encargado. Ahí tenemos la fabulosa Zodiac (David Fincher, 2007), en la que se sigue la investigación de un asesino en serie en San Francisco y como tres personajes: un caricaturista, un periodista y un policía se ven afectados por la investigación.

En el film de Fincher el desarrollo de los personajes y el trabajo de construcción del criminal son tan importantes como la investigación. Al fin y al cabo, esta es solo un punto de partida para una historia mucho más interesante. El film de McCarthy, pese a estar llevado rítmicamente de manera impoluta, está vacío. No se interesa por ninguno de sus personajes. Un poco se hace hincapié en el que interpreta Mark Ruffalo (también haciendo de periodista en Zodiac, logrando una mayor complejidad), pero apenas nada.

Michael Keaton, hacia el final de la película cuando le preguntan porque no quiso saber nada antes, solo logra decir que no lo sabe.

Mucho se criticó a The Martian (también nominada a mejor película) que sus personajes fueran meros mecanismos de ejecución de una trama que solo busca lograr el objetivo marcado. Spotlight juega a lo mismo. Cada uno de sus personajes solo sirve para avanzar en una investigación que podemos presuponer va a terminar bien.

El guión, tramposo, va metiendo giros y momentos climáticos de manera tan oportuna como academicista para que la cosa se complique, se vuelva más dramática, tenga un respiro… probablemente algo muy alejado de lo que debieron vivir los verdaderos periodistas. Pero lo único que le interesa al film es llamar nuestra atención, mantenernos atentos a cada nueva pista y declaración.

Declaraciones que solo sirven para encajar el puzzle, pero que no tienen ninguna relevancia dramática respecto al tema de la pederastia por parte de curas.

En algún momento se busca ese dramatismo de la forma más melodramática y vergonzante, tanto que a McCarthy no le queda otra que resolver la escena con cierta parodia y distanciamiento. Hablamos del momento en el que un personaje cuenta con “mayor” detalle el abuso que sufrió. La conversación termina frente a una iglesia junto a la que hay un parque infantil.

Se habla de lo bien que este film muestra el trabajo del periodismo.

Pero no creo que sea así, pues deja de lado todas las implicaciones que una investigación de este rango conlleva. Tampoco profundiza en el tema tratado, pues la pederastia es un elemento que podría haber sido escogido como cualquier otro. No es cuestión de criticarla, es cuestión de aproximarse a ella de frente y demostrar la complejidad del tema.

Si bien, el film si que retrata la importancia de la investigación y la veracidad para hacer un buen periodismo.

Además de la selección de lo que son noticias de verdad. Algo que por culpa de Internet y las webs de noticias virales está desapareciendo.

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