"La chica danesa", película dirigida por Tom Hooper y protagonizada por Eddie Redmayne (Einar) y Alicia Vikander (Gerda), se presenta como una de las grandes favoritas a los Oscar; y no es para menos. "La chica danesa" posee los elementos necesarios para convertirse en uno de esos film que no se olvidan y que perduran en el tiempo.

Einar y Herda, la pareja protagonista de una historia real de los años 20 y 30, se dedican profesionalmente a la pintura. Son un matrimonio ideal, perfecto; de esos en los que existe una total sincronía. Sin embargo, todo comenzó a torcerse a partir de una serie de juegos que parecían inofensivos.

Einar llegará a sentir una atracción hipnótica por la ropa de su mujer, y probará a ponérsela. Es en ese momento cuando la identidad de Einar estalla, dando vida a Lili, su verdadero yo.

Al darse la transformación, se produce un desdoblamiento de la conciencia del individuo: Einar ama a su esposa Gerda, pero Lili no; sólo la quiere como a una buena amiga, nada más. Tal situación dramática y difícilmente comprensible es digerida por Gerda de la mejor manera posible. Irá comprendiendo que, en realidad, su marido Einer, de quien ella se había enamorado, no era más que un disfraz del verdadero ser que se escondía tras su piel: Lili, la chica danesa; persona llena de inseguridades que desea gustar a los demás y eliminar a Einar para siempre.

Gerda necesita a su marido, pero Lili no le puede conceder ese deseo.

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Einar desaparece y Gerda apoyará a Lili incluso para que sea intervenida en una operación de cambio de sexo.

Como resultado tenemos una mezcla de sentimientos contradictorios, de frustración y amor; de belleza y deseo; de erotismo y confusión. La transexualidad, ese tema tan complejo aún hoy, no era entendido por la mayoría de los médicos y psiquiatras de la época. Los diagnósticos más frecuentes eran la homosexualidad y la esquizofrenia. Sin embargo, Gerda siempre confió en que aquel extraño ser al que amaba no estaba loco. Solo necesitaba un cuerpo que le correspondiera.

Los temas fundamentales, la transexualidad y el problema de la identidad, son bastante novelescos pero poco tratados en general por su desconcierto y dificultad a la hora de establecer teorías. En la película se abordan siendo fieles a la historia original.

Por otra parte, Eddie Redmayne y Alicia Vikander están a la altura de un film arriesgado y atractivo como este.

En definitiva, una historia dramática, amorosa y bella. Una obra de arte recomendada a mentes abiertas que, ante todo, piensan, sienten y actúan escuchando los latidos de su corazón.