Ha ganado el Globo de Oro a la Mejor Actriz de Comedia, pero es un premio que parece premiar más al carisma de la actriz que otra cosa, la única que sabe llevar a flote, en lo que puede siempre que sale en pantalla (y eso es casi todo el metraje), una película a la que no le ves ningún sentido como está narrada.

Si el director, David O. Russell,con quien trabajó ella en “La gran estafa americana”, hubiera querido contar la historia real de una ama de casa que un día inventa una fregona auto-escurrible como si fuera Federico Fellini en “8 ½”, hubiera tenido un pase. O ya puestos, otro italiano, Paolo Sorrentino, que sorprendió con la arriesgada “La gran belleza” y también ganó el Óscar, como la obra maestra de Fellini, hubiera sacado más partido al pretendido humor absurdo que podría haber destilado “Joy”.

Y no hubiera desentonado Jep Gambardella (Toni Servillo en la película de Sorrentino) narrando a su manera las desventuras de Joy.

Todo está narrado por uno de los personajes secundarios en voz en off, la abuela de Joy (Jennifer Lawrence), describiéndonos su estrambótica familia, con un decadente (en el peor sentido de la palabra) Robert De Niro como el padre de Joy y dueño de un taller mecánico de mala muerte, y la italiana Isabella Rossellini, que como De Niro, no se sabe bien qué hace allí. Tiene que agradecer, aun así, que no la sacaran en pantalla cantando “O sole mio”, ni comiendo spaghettis, ni tampoco imitando a Sophia Loren.

Igual de absurdo es el personaje de la madre de Joy (Virginia Madsen), que desde que se divorció de su marido vive encerrada en su habitación viendo culebrones por la tele, a la que sólo sacará de su encierro voluntario un inmigrante haitiano llamado Toussaint.

Más cerebro tiene la abuela (Diane Ladd), cuyo personaje está poco explotado, y en el último tercio de película la ponen narrando la historia desde el “más allá”, pero literalmente…

También está el ex marido de Joy (Edgar Ramírez), con el cual, Lawrence habla de vez en cuando en un voluntarioso español, y que se convertirá en su mejor aliado cuando ella intente promocionar su invento, encuentre una cadena de televisión que la apoye y cuando se enfrenta a los fabricantes sin escrúpulos de California que le roban el “copyright” del mismo.

Vamos, que la película tendrá a la prota pasando una odisea que ni Ulises hasta el final. Y finalmente, no sabes a qué atenerte: si la película pretende ser uno de aquellos retratos de perdedores abnegados que Frank Capra, cuando no caía en la cursilería, bordaba como nadie. O pretende ser eso, pero en plan irónico, huyendo de la familia inmaculada y pura que adora la América profunda.

Se nos olvidaba el actor Bradley Cooper, que también estuvo en “La gran estafa americana”, como el gerente de la cadena de televisión donde Joy, después de un lamentable y fracasado primer intento, logrará vender miles de fregonas. Tampoco hace falta: como los antes mencionados, es uno más que gira alrededor de Joy, y su personaje de bondadoso a pesar de todo no acaba de funcionar.

JOY: * *

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