Jennifer Lawrence tiene solo 25 años y es la actriz mejor pagada de Hollywood,es decir, psicológica y sociológicamente, del mundo, y a medida que su fama y su prestigio van subiendo, aumenta con ellos su cotización: actualmente rueda Passengers, un film en el que se mezclan aventuras y ciencia ficción, por el que cobrará la escalofriante cifra de 20 millones de dólares.

Pero es natural que tal cosa ocurra, porque título en el que su nombre se incluye se convierte en un éxito de inmediato. Y lo mismo da que se trate de una saga de acción juvenil como Los juegos del hambre o una película más artística con todos los elementos para arrasar en las temporadas de premios, como El lado bueno de las cosas, aunque luego, como en toda lotería que se precie, no llegue a recibirlos, caso de La gran estafa americana.

Después de concluir las aventuras de Katniss Everdeen regresa a las pantallas con Joy, la historia real de la mujer que le dio al invento español de la fregona una vuelta de tuerca, haciéndola más práctica e indispensable que nunca.

A priori, solo un film de esos que fugazmente se ven en los festivales y posteriormente no suelen encontrar distribuidora para que la película pueda llegar a verse en los cines trataría semejante tema, pero Jennifer, de la mano de su director fetiche, David O. Russell, y con la ayuda de sus inseparables Robert De Niro y Bradley Cooper, consigue hacer de una mopa un segundo éxito seguro.

El primero, claro, fue el de la propia Joy, que se enriqueció con este y otros inventos, creando una base sobre la que construir un film que retratase fielmente la consecución del sueño americano.

Y Jennifer, cuya estrella se antoja infalible, ha vuelto a conseguir una candidatura al Globo de Oro. Eso sí, como mejor actriz de comedia o musical, porque aunque se trate de un drama, sus momentos de humor lo justifican. Y porque la competencia en drama es lo suficientemente elevada como para que la actriz, en absoluto favorita este año, tenga en comedia más posibilidades.

Pero siendo honestos con el conjunto, Lawrence debería reinarde nuevo en las galas de premios: ella es el alma de Joy, y con su sola presencia en la práctica totalidad de sus planos, le otorga a la película una fascinación que O. Russell no acaba de darle. En otras palabras, de no ser por Jennifer, Joy no tendría visibilidad y quedaría sepultada por decenas de títulos que en estas fechascompiten porconseguir ser proclamados el mejor del año.

Por eso no es de extrañar que la jovencita haya cobrado 15 millones de dólares por este trabajo. Cuando eclipsas al mismísimo Robert De Niro no te mereces menos, y eso que el protagonista de Taxi Driver, no muy acertado en sus últimos proyectos,realiza aquí una de sus mejores composiciones en años, pero no llega a rozar la inmensidad que lo hizo célebre. En cambio, Jennifer Lawrence brilla con la luz a máxima potencia. Su contención, su dominio escénico y el carácter luchador de que hace gala consiguen que desaparezca la estrella y que nos quede el personaje, uno de los más espectaculares de su carrera y por el que, gane premios o no, será recordada.

Sigue la página Televisión
Seguir
¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!