David Bowie nos dejó ayer víctima de un fatídico cáncer. Y, si bien la mayoría de homenajes en torno a su persona ha girado en torno a su CAPITAL importancia como artista musical, no es menos cierto que las inquietudes de Bowie iban más allá de ésta. Como artista con vocación global, su intención fue acercarse al Cine como arte completo, como arte compendio de la imagen (que tanto adoraba) y de la Música (que le hizo mundialmente famoso). Repasamos desde aquí, algunas de sus mejores interpretaciones, obviando la del Rey Goblin en Dentro del Laberinto, que creo que ya ha sido lo suficientemente reivindicada por los fans de la nostalgia ochentera.

El Hombre que Vino de las Estrellas (1976)

Su primera interpretación en el cine, en 1976, es como Thomas Jerome Newton, un extraterrestre que llega a la tierra en busca de agua para su desolado planeta en esta película dirigida por Nicholas Roeg y que adapta una novela de Walter Tevis. Bowie recupera en cierto modo su papel como Ziggy mientras estaba inmerso en su reconversión en El Delgado Duque Blanco. Su histrionismo en la actuación, producto de su consumo masivo de cocaína, se adecua perfectamente al papel de extraterrestre que acaba viviendo una fallida historia de amor con una chica sencilla y normal y cuya misión finalmente resulta fallida. La película recibió los aplausos del mismo Philip K.Dick y sirvió para que Bowie recibiera un premio Saturn a la mejor interpretación de Ciencia Ficción.

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Yo Christiane F. (1981)

 

Su siguiente aparición es en forma de presencia que sobrevuela la película Yo Christiane F. y que cristaliza con este cameo en forma de actuación en directo en uno de sus conciertos en Berlín. La película, basada en la polémica novela homónima, es una producción alemana que narra la vida de una adolescente consumidora de drogas y fan de David Bowie. Su presencia, tanto musical como fantasmática, es capital para entender al personaje de Christiane y su obsesión adictiva por las drogas y Bowie que se sublima cuando asiste con sus amigos al concierto del astro durante la gira del Station to Station. La banda sonora está compuesta por temas de la trilogía berlinesa con temas del Héroes, Low y Lodger. 

 

El Ansía (1983)

Tony Scott dirigió en 1983 una de las mejores cintas de vampiros que se han hecho más allá de Dracula y el arquetipo transilvano. Sabiendo conjugar a la perfección sexo, amor, inmortalidad, miedo, sangre, eros y  thanatos, música y posmodernismo, el malogrado hermano pequeño de Ridley Scott dirigió a Bowie que interpreta a un cellista del siglo que ha sido vampirizado por Catherine Deneuve. Bowie se luce interpretando a un vampiro hastiado de su condición, cansado de la inmortalidad y engañado por una Catherine Deneuve que también está excelsa, mostrando así, uno de los mejores duetos de vampiros jamás filmados. Su caracterización como anciano y su muerte en la sala de espera de un hospital son algunos de los momentos más recordados de Bowie en la película.