No era tan celebrado entre los cinéfilos de nuestro país como Federico Fellini, el cual, con su talento y su estilo inimitable eclipsaba a sus colegas, sobre todo al haber acaparado para sí la mitad de los Óscar a la Mejor Película Extranjera que su país ganó (el resto, cinco para Vittorio De Sica y otros para Roberto Benigni y Paolo Sorrentino).

Pero sí era de los que estaba preocupado por la calidad de sus películas, denunciar lo que creía injusto, y para ello supo rodearse de lo mejor del cine italiano en cuanto a actores. Vittorio Gassman fue uno de los que más trabajó con él.

Llevaba algunos años retirado del Cine, y lo último que había hecho era un documental dedicado a Fellini, “Qué extraño llamarse Federico”, con el que había coincidido cuando empezó en una revista satírica, “Marc’Aurelio”.

De sus películas más logradas, están las nominadas al Óscar “La familia”, donde con un genial Vittorio Gassman contaba la vida de una familia cualquiera de Roma durante 80 años sin salir de su casa, y “Una jornada particular”, un día entre una aburrida ama de casa, casada con un fascista, y un locutor homosexual, ambos con Sophia Loren y Marcello Mastroianni bordando sus papeles. También “Nos habíamos querido tanto”, donde otra vez con Gassman, hacía un convincente retrato de la progresía italiana de postguerra, sus sueños y frustraciones, algo con lo que EttoreScola, comunista convencido, coincidía.

Muchas de sus películas coincidían en una fórmula casi teatral, de centrar la acción en un único escenario o lugar, como las ya mencionadas “La familia” y “Una jornada particular”, o también “La cena”, ambientada en un restaurante con las peripecias de cocineros, camareros y clientes, o “La sala de baile”, con un larguísimo baile como detonante.

Ello le servía para presentar tipos de caracteres de la sociedad italiana, generalmente corales, como en las mejores películas de Berlanga.

Los Festivales de Cannes o Venecia recibían con respeto y expectación muchas de sus mejores películas, como “Brutos, feos y malos”, Mejor Director en Cannes, “La ventana”, Mejor Guión en el mismo festival.

Fue nominado al Óscar cuatro veces, incluyendo “Que viva Italia” y “La sala de baile” a las antes mencionadas.

Fue un feroz crítico de la sociedad, tanto la de postguerra como la más actual, en especial la de Silvio Berlusconi, nociva para la Cultura y el mismo cine italiano (él tiene en sus manos la mayoría de medios de comunicación e incluso distribuidoras cinematográficas), lo que motivó que en los últimos años apenas hiciera películas, igual que les pasaba a cineastas o actores que no pasaban por el aro del prepotente magnate milanés, como Roberto Benigni o Nanni Moretti, los cuales contaban con la ayuda de la co-producción con Francia para varios de sus filmes.

Aparte el documental dedicado a Fellini, una de sus últimas películas fue el falso documental “Gentes de Roma”, donde con actores no profesionales y otros que sí lo eran (como Stefania Sandrelli interpretándose a sí misma) mostraba la Roma más auténtica, fuera del tópico turístico. Algo irregular, pero daba una imagen de credibilidad muy amplia.

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