Es un tópico bastante cierto ese en el que decimos que “los japoneses nos llevan años de distancia”. Recientemente lo volvieron a demostrar con el revolucionario invento de ili, el traductor instantáneo. Por no hablar de la cantidad de sabores que tiene el Kit Kat en el país nipón. Pero en esta ocasión nos queremos centrar en algo más sofisticado: el Arte.

Conocemos la influencia del japonismo en la pintura occidental de finales del siglo XIX y las vanguardias del siglo XX.

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Los cuadros de van Gogh, Toulouse-Lautrec, Degas o Renoir no habrían deslumbrado como lo hicieron si no hubieran mirado hacia el país del sol naciente. Algunos artistas como Ferdinand Bigot llegarón a trasladarse a Japón fascinados por su arte. La pintura suele ser entendida como la búsqueda de la delicadeza, la armonía y/o la paz interior. Algo que tomarse en serio y admirar con respeto y admiración.

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El arte contemporáneo ha cambiado estos ideales (aunque todavía pesan mucho en la psique común de la gente cuando descubren un cuadro). Pero mucho antes de Magritte, Warhol y compañía, durante el periodo Edo (1603-1868), el arte japonés dio un paso adelante con el “movimiento” He-gassen, cuya traducción sería: la batalla de los pedos. Tampoco podemos olvidar la liberada representación del sexo en la pintura japonesa.

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Arte

La colección He-gassen se toma la representación pictórica con humor, pero también con mucho cuidado y detalle siguiendo el popular estilo Ukiyo-e en los trazos y expresiones de los personajes y situaciones. Pero con mayor depuración y simplicidad, ubicando a las personas en un limbo que no pertenece a ningún lugar. Apenas encontramos algún elemento que acerque este mundo flatulento al terrenal, y siempre de una manera fantasmagórica.

La pinturas están centradas en las emulsiones gaseosas y su poder para hacer volar gatos, caballos, árboles, a otras personas e incluso una casa. A cuatro patas y con el culo en poma, los hombres son admirados por sus mujeres y amigos en el momento de evacuación. En otros son las mujeres quienes hacen levitar a los hombres con sus gases; o los recogen en grandes y coloridos sacos. El arte se acerca a la mundanidad pero ello no deja exento al aire místico y alegórico de cada una de sus pinturas, con una composición y un uso del color exquisitos, yendo más lejos que un simple cuadro de pedos.

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Humor y arte no están reñidos, y la famosa casa de subastas Christie’s saco adelante varios lotes de He-gassen compuesto por 12 pequeñas ilustraciones. Según la web Naruhodo, que ha investigado sobre el tema y ha encontrado referencias en el libro A History of Japan: From Stone age to superpower, “dibujos similares fuero usados para ridiculizar a los occidentales a finales del periodo Edo, donde son los invasores quienes reciben los impactos de estos gases nobles.

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La biblioteca de la Universidad de Waseda ha digitalizado estas pinturas He-gassen que rondan el año 1810. También, en la web Dangeours Minds, donde descubrimos esta noticia, podemos ver algunos de los cuadros más representativos y sin censura.

El arte de la aerofagia, aunque no lo parezca, siempre ha estado muy presente. Desde Los caballeros de Aristófanes y La Divina Comedia de Dante hasta en La verdad sobre el caso Harry Quebert (2012) de Joël Dicker, pasando por Cervantes, Montaigne, Quevedo, Zola, Joyce o Cortazar. Así pues, abramos nuestras mentes a apreciar sin pudor el arte.

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