El pasado 15 de enero, a las 14:30 de la tarde, se dieron a conocer las nominaciones al Oscar. Los premios se entregarán el 28 de febrero, más de un mes después de aquel día, así que todavía hay tiempo para ver las películas nominadas, las que eran favoritas a serlo y no lo han sido y para seguir reivindicando las olvidadas.

Porque 2016 augura, para los Oscar, una ceremonia encendida, tanto por parte de los actores afroamericanos, con los que no han contado y que llevan desde entonces protestando por ello, como debido a los films de claro contenido homosexual que han decidido que no compitan en las grandes categorías.

En este sentido, ni La chica danesa, hermosísimo retrato del primer transexual de la historia reconocido oficialmente como tal, protagonizada por Eddie Redmayne y Alicia Vikander, ni Carol, con Cate Blanchett y Kate Mara, han conseguido colarse en lo más alto de la lucha por el Oscar. Sus actores sí están nominados, los cuatro, pero las cintas, que son de lo mejor que veremos este año, y los responsables de que sus resultados sean excelentes, es decir, los directores de ambas, deberían no solo estar incluidos entre los finalistas sino ser dos de los favoritos al premio.

Las redes sociales han dado la razón a los actores de raza negra que se han quejado por su nula presencia en las nominaciones, habiendo podido figurar Will Smith por La verdad duele o Samuel L.

Jackson por Los odiosos ocho, acompañando éste a Jennifer Jason Leigh, que sí ha conseguido candidatura por la película. Asimismo ya se están alzando voces en contra del ninguneo a las películas que miran a elecciones sexuales controvertidas. Porque si la defensa de La chica danesa como película en sí no llega a ser unánime, sí lo está siendo la de Carol, y juntándolas a ambas, el ruido de la revindicación es evidente.

Uno puede pensar que la Academia no suele decantarse por películas con temas complicados, a pesar de que alguna excepción, recordemosCowboy de medianoche, allá por los menos escrupulosos setenta, que trataba la homosexualidad y la prostitución, haya confirmado la regla. Pero es que hace justo diez años Brokeback mountain era la favorita de la carrera al Oscar, y aunque no venció como película sí lo hizo su director, Ang Lee.

Es decir, aunque no hablara de algo demasiado popular entre los votantes, al menos la cinta con Jake Gyllenhaal y Heath Ledger tuvo un reconocimiento más rotundo.

Y es que para eso están las Academias, para proclamar lo excelso por encima de otras consideraciones, para señalar y aplaudir, con los honores que merecen, las obras dignas de ello. Negarles la visibilidad esquilmándoles candidaturas fuertes a premios en los que en cualquier caso figuran, no va, como de hecho está ocurriendo, a minimizar su ausencia en las más importantes.

Quienes vean Carol para medir, entre otros aspectos, la grandeza portentosa de sus intérpretes, se preguntarán por qué un film tan bello no es destacado en sí mismo cuando no tiene ningún fallo apreciable.

Y siendo así, también al director la Academiadebería reconocérselo.

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