Al hilo del éxito de taquilla que está teniendo estas semanas la película “Sufragistas”, quisiera reivindicar la existencia de un movimiento feminista español a principios del siglo XX, que, si bien no tuvo una estructura organizada de cariz político al estilo británico, sin duda alguno existió y se propagó a través de iniciativas de tipo social y cultural, destacando la labor llevada a cabo por el Lyceum Club (1926).

Y en relación con ello realizar una breve semblanza acerca de una de las protagonistas menos conocidas del feminismo (pese a que como persona moderada odiaba dicho término: la escritora y periodista Carmen de Burgos (1867-1932). Una Mujer moderna, que merece un puesto destacado entre los autores de la Edad de Plata de la literatura española y cuya figura, inexplicablemente, cayó en el olvido.

Carmen de Burgos llegó a Madrid en 1901, con su hija, huyendo de los malos tratos de los que era víctima en su matrimonio, en una época en la que desafortunadamente ese tema se ocultaba y sin embargo el abandono de hogar (especialmente el femenino) era considerado falta grave.

Sin embargo ella no quería hipotecar su futuro por algo que no existía y obviando el escándalo que ello iba a producir en su ciudad natal, Almería, tramó un plan. Estudiaría magisterio sin que nadie lo supiera para poder tener un empleo independiente.

Así, a los pocos meses de su llegada a la capital, obtuvo su primera plaza. Sin embargo, su auténtica vocación era la escritura y pronto comenzaría a colaborar en diarios como ABC, El País, El Globo, y, sobre todo Diario Universal, cuyo director Augusto Suárez de Figueroa fue el que la sugirió el pseudónimo que le haría famosa “Colombine”.

En Diario Universal tenía columna diaria, dedicada en principio a temas “de mujer”: moda, belleza, niños… Pero también quería escribir sobre otros temas y fue El Heraldo de Madrid el que le dio la oportunidad al enviarla a Marruecos a cubrir el conflicto. Fue la primera española corresponsal de guerra. El éxito provocó que medios de comunicación de Francia, Suiza, Italia, Portugal, EEUU, Cuba o Argentina comenzaran a contar con ella e incluso que fundara su propio medio: Revista Crítica, en la que colaborarían futuras figuras literarias como Juan Ramón Jiménez.

Por otro lado, ha de señalarse que en la obra de Carmen de Burgos hay dos constantes: su preocupación por España y la conciencia social. Así, aprovechó su presencia en los medios de comunicación y la influencia creciente adquirida en los círculos intelectuales madrileños ( donde su salón de tertulias era uno de los más populares) para luchar por causas que creía justas, a saber: la reforma de la educación femenina en general y la formación impartida en las Escuelas Normales de maestras en particular; la lucha contra la pena de muerte, contra la miseria en la que vivían las obreras y sus hijos o la implantación de una ley de divorcio.

Con respecto a esta última decir que ningún medio de comunicación se atrevió a publicar los resultados de la encuesta que ella motu proprio había realizado sobre el tema, por lo que al final tomó la decisión de publicarlo en el libro que terminaría por hacerle famosa: “El divorcio en España”.

En cuanto a su preocupación por el país, señalar que su obra puede ser encuadrada entre los autores de la Generación del 14 o novecentistas: “Cuando más velo los decantados adelantos del extranjero, más pena siento por España. Nosotros tenemos una savia potente, una primera materia sana y pura para ser grandes; pero estamos envenenados por la apatía del nirvana católico, por el egoísmo, por la indiferencia. Si en vez de resignados fuéramos rebeldes ¡qué gran pueblo podríamos llegar a ser( Concepción Núñez: 1998; 84).

Finalmente y en un plano personal señalar como una muestra de independencia su valiente relación con Ramón Gómez de la Serna, veinte años más joven que ella, con el cual participaría en la revolución vanguardista que él impulsó.

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