Quizá sólo un maestro de la categoría de Carlos de Haes pudo diferenciarse de los maestros pictóricos del pasado sin recurrir a nuevas olas como el Impresionismo o el Nabismo; yo conocí sus cualidades para escoger los encuadres y su técnica para representar la luz natural, mostrando la belleza de la realidad sin tener que idealizarla, en una exposición temporal en el Museo de Bellas Artes de Badajoz, el cual afortunadamente cuenta en su exposición permanente con el cuadro titulado "Robles" (Picos de Europa); no obstante la mayor parte de su obras pertenecen al Fondo Permanente del Museo del Prado de Madrid.

Durante muchos años la mayor parte de la colección ha estado sin exponer, y aunque la situación ha mejorado, cada vez que visitemos el Prado deberíamos llenar el buzón de sugerencias solicitando un incremento tanto de las obras expuestas como de la promoción del pintor.

De las varias técnicas posibles para pintar un cuadro, por ejemplo los pintores chinos y japoneses escogen un paisaje, lo memorizan y después realizan el cuadro de memoria en su estudio, Monet sin embargo era ferviente partidario de pintar en el propio paisaje, Carlos de Haes el maestro que nos ocupa elegía un lugar, realizaba apuntes y bocetos durante un par de horas, utilizando dichos bocetos para pintar en su taller modo en el cual creía firmemente que debían pintarse los cuadros.

Nacido de padre belga y madre española en Bruselas,en una familia sin vínculos artísticos, a los nueve años la familia se trasladó a Málaga, donde comienza su camino en el mundo del Arte de la mano de Luis de la Cruz y Ríos pintor canario, miniaturista célebre y fiel a su tiempo de concepción neoclásica.

A los 22 años se mudó a Bélgica para estudiar la escuela naturalista belga del paisaje muy de su gusto; la combinación de ambas forma su original personalidad artística, su "estudio de tronco" de la Casa de Campo en Madrid expuesto en el Museo del Prado refleja su primorosa elaboración de los detalles, la corteza, los nudos de la madera, a hojarasca alrededor, el juego de luces y sombras, todo ello dentro de un inmejorable encuadre que permite disfrutar de un paisaje en perspectiva eludiendo así su calificación como naturaleza muerta y haciéndolo más atractivo.

He elegido éste cuadro como representación de su técnica y la obra titulada "Arroyo del Angel" como más representativa de sus paisajes y de los bellos parajes de Madrid.

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