En 1968, a sus 33 años, dirigió su primera película, “Toma el dinero y corre”, con esta descripción del narrador: “El 1 de diciembre de 1935, la señora Starkwell, legítima esposa de su legítimo esposo, dio a luz a su primer y único hijo. Le pusieron de nombre Virgil, y de sexo, varón”. Así conoció el público a un artista polifacético, peculiar y cuyo personaje tipo rompía moldes, en una época en que estaba de moda romperlos: hombre bajito, feo, tímido, pero de convicciones firmes, que tenía mala suerte en el amor.

Nunca fue galán típico ni podía serlo. Te caía bien aunque acabara su personaje en la cárcel (“Toma el dinero y corre”), la chica de sus sueños no dejara a su marido (“Sueños de un seductor”), el amor de su vida acaba siendo sólo buena amiga suya (“Annie Hall” y “Manhattan”), etc.

Como muy bien dijo alguien del programa de Garci, los tímidos nos hemos identificado con él. Por que hemos sentido lo mismo que sus personajes, y probablemente como el mismo Woody alguna vez.

Por que jamás nos identificábamos con John Wayne y otros héroes con aire prepotente del Cine americano y mundial.

Las feministas también se fijaron en él, simplemente para ayudar a los hombres a evolucionar. Muchos tomaron nota y les vino bien, se sentían más cómodos como sensibles e incluso dejando que ellas tomaran la iniciativa. Los inseguros de carácter lo agradecieron. Era la época adecuada para ello.

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Y los intelectuales, también agradecen a Allen su gusto por los diálogos, por demostrar que quienes sólo saben ligar con mujeres gracias a su labia y no por ser buen deportista, ni tener un automóvil de fábula, ni por una cuenta corriente con más ceros que el número de planetas del Universo.

Sabemos que todo cambió casi radicalmente aquel nefasto día en que Mia Farrow, según ella, descubrió que él no era tan “bueno”. Luego, el tiempo demostró que ella mentía, al decir que el hijo que tuvo ella con Allen, lo tuvo en realidad con su ex marido Frank Sinatra, al que 25 años antes abandonó, acusándole de malos tratos.

¿Desde cuándo se elige como padre de tus hijos a alguien que te maltrató?

Muchas experiencias propias y ajenas (las que le contaban sus amigos) le han servido para tejer sus complejas historias sobre la condición humana. También las largas sesiones cinéfilas con películas de sus colegas favoritos, como Ingmar Bergman (del cual sus películas “Interiores” o “Delitos y faltas” tienen su toque) o Federico Fellini (de ahí su sentido del humor surrealista, al cual homenajeó en “Recuerdos”). Alguien que encontraremos a faltar cuando ya no esté, como a él le pasa con Bergman, Fellini o Antonioni, a los cuales conoció personalmente y admiraba.

Las tres veces que he visitado Oviedo, he encontrado su estatua, cerca del Teatro Campoamor, y en casi todas ellas me he hecho alguna foto. Sé que si hablase con él, tendría que ser en francés, pues yo no sé inglés y él no habla ni español ni catalán. Es la cercanía a alguien con el que sientes tanto en común.

Mención aparte a dos excelentes dobladores, que sin ellos no se entendería al maestro en nuestro país: Miguel Ángel Valdivieso y Joan Pera. Ambos han doblado a Allen, con felicitaciones de éste incluidas.

Cuando Valdivieso nos dejó por cáncer en 1988, Allen mandó de su parte un ramo de flores a la viuda, María Dolores Gispert, todavía en activo. El tono de Valdivieso era perfecto. Joan Pera, elegido por Allen por un cásting, ha continuado la labor, con un tono diferente, pero también magistral.

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