Quentin Tarantino es, oficialmente, un genio. Un director de películas que ha aprovechado como nadie su cinefilia para absorber sin pudor el trabajo de muchos otros, darle forma propia y crear, a partir de lo aprendido, un universo personal que no se confundiera con el de ningún otro. Y eso tiene un mérito admirable. Así que cada vez que rueda una película, el estreno de la misma se convierte en un acontecimiento.

La octava y la que será antepenúltima cinta de su carrera, porque más de una vez ha afirmado que no quiere hacer más de diez, desde un principio se tituló The hateful eight, y todos nos habíamos acostumbrado a esas tres palabras inglesas, muy sonoras y perfectamente pronunciables, no como Eyes wide shut, aquella maravilla de Stanley Kubrick que pocos conseguían decir con autoridad.

Pero de cara a su, por fin, estreno en España, el idioma de William Shakespeare se ha convertido en el de Miguel de Cervantes y The hateful eight pasará a llamarse Los odiosos ocho.

Por supuesto, afrontar su nuevo título está costando y hasta que se haga familiar y no rechine se verá, y sobre todo se leerá, con malos ojos. Pero no hay nada de malo en él. Es una traducción perfecta, sonora y divertida, con tantas eses y oes acumuladas, y cuando la veamos probablemente se nos olvide que alguna vez se le puso tal pega.

Porque lo importante es que la veremos y será gracias a eOne films. Hasta hace poco no contaba con distribuidora en nuestro país y una de las trabas que impedía su comercialización era el hecho de que Quentin había decidido rodarla en un formato cinematográfico que ya no está en vigor porque en la actualidad todo es digital: el 70mm en que se hiciera, por ejemplo, Lawrence de Arabia.

Seamos sinceros, por mucho que queramos respetar el retorno al pasado del director, cuando la película salga en DVD y Blu-Ray la podremos tener en casa, ponérnosla las veces que queramos, y ninguna de ellas será en ese añorado formato, así que salvado dicho escollo, la película llegará a los cines el próximo 15 de enero.

Y lo hará con uno de los carteles más espectaculares del año, conservando el americano definitivo, de tantos y tan buenos que la película ha ido teniendo y hemos estado viendodurante meses. Pero el que adornará las marquesinas y servirá de reclamo será un diseño cargado de épica en el que los personajes de Samuel L.

Jackson, Tim Roth o Bruce Dern, de espaldas, se van dirigiendo hacia el refugio que se adivina al fondo, donde se esconderán de una impresionante tormenta de nieve.Un western que pese a sus 182 minutos tiene el éxito asegurado.

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