Hay premios de Cine y premios que se dan al cine. Premios en los que la belleza de la calidad tenga más importancia que la fascinación del marketing. Los Oscar o los Globos de Oro son el ejemplo perfecto de este último caso, mientras que los galardones que entrega la Academia europea, que ni siquiera tienen un nombre específico, sino que se conocen con el genérico, resultan ser el paradigma de todo aquello que se admira pero que apenas tiene consecuencias positivas en la taquilla.

Sin pompa ni circunstancia, sin emisiones televisivas con conexión en directo al lugar del acontecimiento ni mesas llenas de comentaristas en el plató correspondiente, simplemente a través de un seguimiento online por la propia web, el 12 diciembre, en su sede rotativa que este año le dio el testigo a Berlín, pudimos ver a los profesionales del cine de nuestro continente reunidos para celebrar su gran noche.

Títulos franceses, ingleses, austriacos o españoles fueron expuestos en la pantalla que iba recordando las candidaturas, y los ganadores subían y bajaban por la misma escalera que les daba acceso al premio. Nada de desaparecer por el escenario en busca de fotógrafos y periodistas que siguieran inmortalizando el momento. Es decir, allí el glamour lo representaban las películas.

Tanto es así que uno de los elegidos, dentro de los apartados técnicos que ya se conocían de antemano, en concreto quien recibiera el premio al mejor sonido por los tres volúmenes de la coproducción Arabian Nights, afirmó que esta era la única Academia del mundo en que podía ganar un film de más de tres horas en el que no hubiera un solo tiro ni explosión alguna.

Pero esa misma Academia nunca había reconocido la labor de Sir Michael Caine en el mundo del cine, y lo remedió otorgándole una distinción por su trayectoria. El Premio de Honor del Cine Europeo, en los 28 años que se llevan entregando los demás, solo se ha concedido dos veces: una al director portugués, fallecido a los 106 años de edad, Manoel de Oliveira, y otra al actor Michel Piccoli.

Caine lo recogió emocionado, feliz de que Europa por primera vez le diera algún premio. Luego volvería conseguir otro, porque su trabajo en Youth, de Paolo Sorrentino, lo convirtió, además, en el mejor actor de 2015.

Otra veterana, la inglesa Charlotte Rampling, también vio reconocida su carrera, en su caso con el premio honorífico, y posteriormente, su trabajo en 45 años, la película por la que competía como mejor actriz.

Es su segundo galardón en esta categoría, porque ya lo ganó por Swimming pool, de François Ozon, el director que, por cierto, le entregó el correspondiente al que alaba el conjunto de su talento.

Ya que los Oscar los han eliminado de la gran gala, esta otra Academia centra en ellos su ceremonia y les concede el tiempo que merecen. Aquí estos premios no ponen en peligro las audiencias.

Tras haber conseguido brillar hace dos años con La gran belleza, Paolo Sorrentino volvió a ser el dueño de la noche gracias aYouth. Mejor película, director y el citado Michael Caine coronaron a este largometraje. El cine español, únicamente presente en el premio del público, lo obtuvo. La isla mínima se hizo con los votos de los espectadores, esos que supuestamente no quieren ver cine de nuestro país, y la película de Alberto Rodríguez fue aclamada como la mejor del año para ellos, los que han pasado por taquilla y la han convertido en un éxito.

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