Cuando un director se hace famoso por realizar un tipo de Cine, su nombre suele asociarse al género por el que se ha convertido en una celebridad, y aunque varíe su rumbo y evolucione, es muy complicado que el imaginario colectivo no retroceda en el tiempo para comparar el pasado con el presente. Tal cosa le sucede a Martin Scorsese cada vez que se lo cita como autor relevante, porque su dominio de la narrativa en el ámbito de la mafia y el cine negro se ha convertido en leyenda, aunque también haya firmado grandes dramas como Toro salvaje o La edad de la inocencia, comedias como ¡Jo, qué noche!

,históricas, caso de Gangsters de Nueva York o biográficas, tipo El aviador.

Con Steven Spielberg sucede algo bastante similar, con la única diferencia de que el responsable de E.T., el extraterrestre es mucho más famoso y tiene un prestigio bastante más consolidado (nadie suele citar a Scorsese como ejemplo de director perfecto), por lo que pese a que su renombre se asienta en films de ciencia ficción, la acción y el drama han tenido una repercusión similar a las cintas que ha rodado dentro del género fantástico. Así la trilogía de Indiana Jones es igual de aplaudida que La lista de Schindler, independientemente de los Oscars obtenidos.

Pero todo tiene un límite, y cuando hace tres años estrenó Lincoln, las buenas palabras se esfumaron.

Spielberg se había puesto demasiado intenso y su discurso acerca de los logros del Presidente que abolió la esclavitud en Estados Unidos no recibió los apoyos de casi nadie. Su mejor película desde Munich, o incluso desde Salvar al soldado Ryan, y solo Daniel Day-Lewis salió beneficiado, concentrando en su figura una nota cercana a la Matrícula de Honory obteniendo la única estatuilla que posee el largometraje, el tercer Oscar al mejor actor de su carrera y el primer intérprete en la trayectoria de los premios en lograr dicha cantidad en la categoría de protagonista.

Tal vez por esto, el nuevo trabajo de Steven Spielberg se espere con cautela, con el respeto propio del espectador que confía en el director pero se cuida de entusiasmarse ante la obra que firma. Su afianzamiento en el género histórico, alejado del entretenimiento al que solía consagrarse, hace difícil que El puente de los espías, situada en el marco de la Guerra Fría, se acoja con la misma energía que antaño se recibían sus títulos más famosos.

Las críticas dedicadas a la cinta han sido, esta vez sí, bastante positivas, y aunque sea cierto que se las merece, los admiradores de las otras facetas, bastante más comerciales, del artífice de Tiburón, no tendrán la excesiva prisa por verla que demostraron con Parque Jurásico.

Probablemente no sea hasta que la Academia se decida a concederle las nominaciones al Oscar que muchos le vaticinan que la película empiece a ver una recaudación acorde. Y es que para este 2016, en que el cine norteamericano no tiene títulos claramente favoritos con vistas a su ceremonia, El puente de los espías se antoja una opción verdaderamente interesante. Y con el tiempo, gane Oscars o no, se situará entre las mejores obras de Spielberg.

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