La necesidad de tolerancia entre unas y otras culturas, el respeto, la integración de conocimientos y costumbres, la estimulación de lo positivo. Estos valores son los que recoge la película venezolana ‘Dauna, lo que lleva el río’ y su director, Mario Crespo, no quiso dejar de aludir a ellos durante el estreno del filme. La película se presentó en el marco de la sección oficial del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, en el Gran Teatro, y el director quiso incitar al público a que no visionasen esta película desde la ambigüedad, sino desde las propias y actuales circunstancias que está viviendo el mundo.

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La necesidad, explicó el director, de trasladar los principios de esta película a la necesidad también de una convivencia pacífica, de un ‘no a la guerra’, tras los atentados de París y la respuesta bélica de los franceses.

La protagonista de esta historia es Dauna (Yordana Medrano), que debe asimilar de su cultura milenaria, de la etnia indígena de los Waraos en el Delta del Orinoco (Delta Amacuro, Venezuela) lo que le sirve, lo que le hace ser quien es, pero debe deshacerse de lo que la limita.

“Desde pequeña muestra que quiere aprender y enseñar, lo que le da libertad”, explica Crespo. Del mismo modo, de la cultura con la que convive, "los criollos", debe aprender el progreso que le sea útil, pero deshacerse de lo que le sirva solo para ser peor persona. “Eso le da muchos problemas en su vida, que los defiende con una gran capacidad de resiliencia”, añade.

A excepción del papel del cura, que interpreta Diego Armando Salazar, todos los demás personajes están interpretados no por actores sino por miembros reales de los Warao.

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En el caso de la protagonista es una alumna de comunicación del director, y la película se escribió pensando en ella, y en otro de sus alumnos, Eddie Gómez, que hace el papel de Tarsicio. Ambos participan desde hace años en los proyectos que Crespo desarrolla en la zona a fin de integrar la cultura audiovisual. “A la zona llegamos en el año 2000, y empezamos enseñando a los jóvenes y conociéndolos. Pasados once años ya había unos lazos de amistad muy profundos, y cuando decidimos hacer una película que hablara de una mujer con un gran deseo de ejercer su libertad individual, pensamos en la mujer warao.

Si eres joven, mujer, morena, pobre, vives a cinco horas río abajo, perteneces a una etnia indígena muy estricta en los géneros, las dificultades a las que se enfrenta cualquier mujer en cualquier parte del mundo, para una mujer warao son mucho mayores, con obstáculos más grandes”.

“La película transmite la necesidad de entender, lo inevitable de la interculturalidad, lo necesario que es como única forma de supervivencia de la especie. Si no aprendemos a intercambiar, no crecemos, y eso es algo que ellos han aprendido muy rápidamente, desde que llegaron allí los curas capuchinos, ellos viven en un constante aprendizaje y sin embargo siguen siendo Waraos y siguen viviendo en su cultura”, explica el director, que sostiene que los conflictos actuales son “consecuencia” de la “no aceptación”.

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“Tenemos chiitas y sunitas, isralíes y palestinos, catalanes y el resto de los españoles… Es una forma de establecer fronteras y de aquí para acá tú no pasas. Dauna propone el intercambio; convivir, y tomar lo bueno del otro", detalla Crespo.