Los juegos del hambre. Sinsajo Parte 2 ha dado que hablar esta semana, y no precisamente por causas cinematográficas, ya que la esperada película aún no se ha estrenado. Pero su equipo ya está de promoción por el mundo y una de las paradas que han efectuado la han hecho en París, donde sus responsables hicieron el tradicional posado ante las cámaras. Aunque no para todos fue tan tradicional como debiera.

Woody Harrelson, uno de los actores de la película, apareció con el pijama puesto. Tal cual. Los demás iban con su mejores galas nocturnas, y él también, pero la de irse a dormir no es precisamente la etiqueta requerida para la ocasión. 

Por supuesto, los comentarios no se han hecho esperar, y muchos han sido de carácter simpático hacia un actor que gusta, con motivo, porque es magnífico y cae bien, pero no son razones suficientes para defender una imagen que no tocaba en absoluto llevar. Habría que leer, o escuchar, lo que se diría de un actor español si se presentara de ese modo a una Premiére.

No existirían exclamaciones suficientes para ser contundentes con el tema. 

No hay película que se merezca que un actor la presente de esa manera. Ni pequeña ni grande, porque más allá del presupuesto, la cinta responde al trabajo de mucha gente, y solo unos pocos, normalmente actores y director, lo representan públicamente por los demás. Es muy triste que el director de fotografía o el montador no congreguen en un estreno a tanta gente como logran reunir los protagonistas, pero el marketing funciona así y todos lo tenemos asumido. Ahora, los actores deben responder por quienes no tienen esa oportunidad de vender su trabajo.

Jennifer Lawrence, la estrella de la película que se presentaba, y la actriz mejor pagada de Hollywood, gracias, entre otras cosas, a protagonizar esta lucrativa saga, puede que a veces sea noticia por sus traspiés con los vestidos, pero eso es porque luce siempre unos diseños despampanantes, perfectos, acorde con su estatus y con los eventos a los que acude.

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Su estilismo es admirable, digno de una actriz del Hollywood dorado, y eso ella lo sabe, es parte de su grandeza como estrella del Cine.

El glamour es algo inherente al celuloide. Lo ha sido desde que conocemos la existencia de las imágenes en movimiento y la industria norteamericana es muy consciente de hasta qué punto vende una buena imagen. Descuidar eso es impropio de quienes se dedican a este negocio, porque hay muchos profesionales detrás de los actores que, con aguja o laca en mano, están pendientes de que nada falle. Así que acudir a una premiere en pijama lo descoloca todo. Dará que hablar, pero no en la dirección adecuada.