Los 10 minutos que dura el video clip del nuevo single de David Bowie, no están siendo ningún tipo de problema para que alcance, prácticamente, un millón de visitas en apenas un día. Cantidad que ya habrá sido rebasada, seguramente en cuanto leas esta noticia.  

Blackstar, que así se titula la canción que además da nombre al que será el nuevo disco del genio inglés, es el single escogido como adelanto de lo que nos encontraremos el 8 de Enero de 2016, día en el que se hará el lanzamiento mundial coincidiendo con el 69 cumpleaños del artista. Y la verdad es que tanto la canción como el vídeo son la muestra de que el retorno, hace un par de años ya, de Bowie, con su disco The Next Day, no fue simplemente una veleidad artística.

Bowie tiene ganas de seguir contándonos cosas y de seguir apostando por la innovación y la calidad artística, como casi siempre ha hecho.

El vídeo se engloba dentro de lo que sería la trilogía del Major Tom, iniciada en el ya lejano 1969 y serviría como cierre a la historia del astronauta perdido en el espacio. Historia que guarda muchos paralelismos con la película de Stanley Kubrick y la novela de Arthur C. Clarke, 2001: una Odisea en el Espacio, que sirvió de inspiración al disco Space Oddity y que iniciaría esta trilogía. Así, si Space Oddity narra la pérdida del Comandante Tom en el espacio y Ashes to Ashes la reaparición del mismo después de su odisea, Blackstar sería la transformación en ser cuasi-divino del propio Bowie y su alterego Musical, del mismo modo que Clarke dejó entrever en 2001 y sus posteriores secuelas. 

Con esta idea Bowie parece indicar que es consciente de su papel como "divinidad" dentro de la música pop.

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Y así lo ha querido también dejar de manifiesto con el vídeo, filmado por el director sueco Johan Renck, cuya aproximación figurativa y visual nada entre el onirismo surrealista y la vanguardia posmoderna, heredera de la historiografía del vídeo clip.

Navegando entre aires "marcianos", en todo el sentido bowieano del término, que confluyen de manera rítmica con la cadencia de la música de esta Blackstar, una música que recoge elementos de jazz-pop electrónico en la primera parte del vídeo, para después acabar abrazando un prisma más convencional a medio camino entre ambientes cercanos a la banda sonora y terminar de nuevo en esa electrónica suave de corte de jazzístico, Renck y Bowie parecen haber pulsado la tecla. Tecla que consigue fusionar a la perfección imagen y música en 10 minutos de escenas icónicas que saben navegar entre lo sublime y bordear el ridículo sin caer en él, como ese esqueleto en un viejo traje de astronauta o ese Bowie que, a modo de un ideólogo comunista de principios de siglo XX, ondea un libro con una estrella negra, como el Libro Negro de Bowie, mostrando la palabra que él encarna.

El viejo Major Tom se ha convertido, por derecho propio, en uno de los pocos dioses del pop que todavía nos quedan.