El asesinato de los miembros de la última dinastía Romanov acontecido en 1918 ha sido uno de los misterios a resolver del siglo XX. Hace solo unos días que el portavoz del Comité de Instrucción de Rusia ha confirmado la autenticidad de los restos del último zar, Nicolás Romanov y de su esposa Alejandra Fiórovna encontrados en los Urales. A raíz de estos acontecimientos analizamos el reinado de la última zarina de todas las Rusias.

Alejandra Fiodorvna nació en 1872 en Darmstadt. Era la hija de Alice de Hesse y el Luis de Hesse y nieta de la reina Victoria del Reino Unido. La trágica muerte de su hermano a causa de una epidemia de difteria, unida a la muerte de su madre sumió a Alix en una profunda depresión.

Su abuela se hizo cargo de sus nietos y la educó en los mismo valores con los que educó a su madre.

En 1884 su hermana anunció su compromiso con el gran Duque Sergio, hermano menor del emperador Alejandro III y tío del futuro zar de Rusia, Nicolás.

Zarina de todas las Rusias

Alix tenía 12 años cuando se celebró la boda de su hermana. Aquel viaje cambiaría su destino ya que fue allí cuando conoció a su futuro marido: el zarévich Nicolás.

Nada mas verse Nikki, se enamoró de su prima segunda. Pero ambas familias se oponían a esta relación por temas religiosos: Alix al ser alemana profesaba la religión luterana, mientras que Nicolás era ortodoxo. En 1894 su hermano se casaba con su prima y al enlace acudieron el Kaíser Guillermo II (nieto de la Reina Victoria) y el Zárevich Nicolás.

Fue aquí donde Nicolás por fin y con el permiso de ambas familias pedía su mano. Al igual que el enlace de su madre este estaría también ensombrecido por un mal presagio.

La vida como emperatriz, tras la muerte del zar Alejandro en 1894, le resultó muy dura. Las damas de la aristocracia no la veían con buenos ojos ya que al ser instruida en la férrea educación victoriana Alix amaba el orden y el deber y detestaba la modernidad, aspectos que no encajaban en la sociedad rusa que se regía bajo los principios del cambio.

En 1895 nacía su primera hija, la Gran duquesa Olga a la que siguieron Tatiana, María y Anastasia.

El fin de una dinastía

En 1904 nació su último hijo - y heredero al trono- el zárevich Alexis, que heredó de su abuela la hemofilia. Mientras los zares se preocupaban por su hijo el pueblo ruso se moría de hambre.

El 1905 se produjo una manifestación que acabo convirtiéndose en el primer intento de Revolución.

Sin embargo el culpable del fin de la monarquía fue Grigori Rasputín. Sus “milagros” llegaron a oídos de los zares que vieron en este farsante el salvador de su hijo. Rasputín aprovechó su nuevo cargo de curandero para ganarse el afecto de los zares e imponer su voluntad en el imperio.

Con el estadillo de la Primera Guerra Mundial las hostilidades en Rusia fueron creciendo. La influencia de Rasputín se hacía cada vez más grande y la situación era insostenible.

En 1917 se produjo la Revolución de febrero y octubre donde el zar se vio obligado a abdicar en el Gran Duque Miguel y la familia imperial fue puesta bajo arresto domiciliario.

Tras inmensas penurias, como las que vivió Maria Antonieta, la zarina se arrepentía de todo lo ocurrido. En 1917 los bolcheviques tomaron el poder y comenzó el fin de los Romanov. Los trasladaron a Ekaterinburgo y el 16 de julio, en el sótano de la casa, fueron asesinados. Alejandra Feodrovna, nieta predilecta de la reina Victoria descansa hoy con su familia en San Petersburgo.

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