Pixar es posiblemente el estudio de Animación con más prestigio de la actualidad. Bajo el sello de Disney, que distribuye sus títulos, la factoría fundada por John Lasseter, creadora de Wall.E, Up, Ratatouille, Monstruos S.A. o la trilogía Toy Story, es una mina de brillantez para los proyectos que desarrolla. Incluso la muy olvidada Brave está a la altura de los trabajos citados.

Pero a todo hay quien gane, aunque sea uno mismo superando las propias marcas implantadas, y Pixar reinventa el concepto del éxito estrenando dos grandes películas en un año. En julio nos llegó Del revés, una vuelta de tuerca a la imaginación más sublime, en la que los guionistas le dieron el protagonismo a las emociones de una chiquilla en pleno proceso de la niñez a la adolescencia, y ahora, en diciembre, nos abruman con una cinta situada en las antípodas de la anterior, en lo que a envoltorio se refiere, y llena de Cine en estado puro cuando descubrimos su contenido.

El viaje de Arlo es un ejercicio tan grande como el dinosaurio que lo protagoniza, que consigue sobrecoger con los mínimos elementos, prescindiendo en muchas ocasiones hasta de los diálogos, tan necesarios en Del revés, que aquí, como en Wall.E, no echamos de menos porque en la relación entre un apatosaurus y un niño cavernícola ni es posible ni la cinta lo requiere. Probablemente de haberla firmado Disney ninguno de los dos pararía de hablar, o de cantar, pero aquí las riendas las tiene Pixar y parece que el estudio ha decidido que sus protagonistas no sean juguetes...

Dos magníficas películas que obtendrán la aprobación del público y que, por primera vez, enfrentarán a Pixar en los Oscar, porque ambas, según todos los pronósticos, serán candidatas a la estatuilla a la mejor cinta de animación, y casi con toda seguridad, una de las dos, aunque otras tres de productoras diferentes compitan junto a ellas, será la que gane.

Y todos tenemos en mente, nunca mejor dicho en este contexto, cuál será la vencedora.

Eso sí, no sería de extrañar, porque se está haciendo campaña por ello, que tanto una como otra sumen votos en otras candidaturas, tales como la de mejor guion original y mejor banda sonora para Del revés, o mejor fotografía para El viaje de Arlo.

Y quién sabe si incluso la primera pudiera lograr lo que tan pocas cintas animadas consiguen: la nominación como mejor película del año, sin el apellido del género al que pertenece. A ningún espectador, desde luego, le parecería una mala idea.

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