El café acaba adornando tu blusa por las risas provocadas por una mala imitación del cangrejo Sebastián. Pero, antes de que el aroma se diluya, una mano sube a frenar las 21 lágrimas que soltaste la primera vez que viste a un león destrozado ante la muerte de su padre. Típica tarde recordando películas de infancia. ¿Tu favorita?, preguntan. Princesas, piensas, pero ahora dudas. Toy Story te hizo reír como el cangrejo y llorar como el león.

Hoy se cumplen 20 años del film que marcó un antes y un después en la historia de la Animación. Toy Story fue la primera película creada con ordenador y, con tres películas a sus espaldas, es una saga que parece no morirá nunca.

Siguiendo el patrón de Disney, su director John Lasseter fue el protagonista carismático que recibió varias calabazas antes de calzarse el zapato de cristal.

Hacia 1982, fascinado por la tecnología y siendo creativo de Disney, tuvo la osadía de presentar la adaptación animada con ordenador del cuento La Tostadora Valiente de Thomas M. Disch. ¡Dong! Las 12. El carruaje se convirtió en despido. Lasseter trabajó en Lucasfilm, productora de George Lucas para crear en 1986 Pixar junto a Steve Jobs, donde no pusieron freno a la creatividad.

En esa época, el monopolio de las películas animadas lo tenía Disney. Su éxito se debía al papel, pluma y los musicales de Broadway: Los filmes eran una expresión artística con melodías y bailes puestos a boleo.

El lápiz era la primera nota del musical y un ratón, a no ser que habláramos de Mickey Mouse, no componía nada. Así, Pixar fue recibida como un grupo de tíos raros que se atrevían a crear películas infantiles ¿sin música ni villanos? Un fracaso. Segunda calabaza.

No fue hasta la llegada de Jeffrey Katzenberg a Disney que, siguiendo la evolución de Broadway, apostó por la unidad y la lógica.

La letra, la música, la danza y el diálogo impulsaban la historia y eran parte integral de la acción. Con películas como La Sirenita, La Bella y la Bestia o El Rey León, Katzenberg consiguió que el público se emocionara y reaccionara como en el teatro. Sí, sé que eras tu la de atrás que cantaba y no me dejaba escuchar a Bella...

Pero Katzenberg no estaba satisfecho y quería más. Ese más era Pixar. En 1991 se llegó a un acuerdo de producción y distribución firmado por ambas compañías y, con él, la idea de Toy Story. Corrijo, las mil ideas.

La tercera calabaza llegó con el primer boceto, una historia basada en el corto Tiny Toy con el que Lasseter ganó un Oscar en 1988. Woody “era un imbécil” en palabras de Katzenberg, le consumían los celos y la envidia y era odiado por todos. La idea se descartó pero el director rogó tiempo para reescribir el guión. Dos semanas que Steve Jobs -ergo, el Hada Madrina- pagó de su bolsillo.

El crítico de The Telegraph, R.Collin, lo resume en: “Primero le ignoraron, luego se rieron de él, después lucharon contra él y finalmente ganó”.

¿Te suena? Parece el mismo sentimiento que sufrió Andy con Buzz. Surge un paralelismo con Andy, Disney, la vieja escuela y Buzz, Pixar, la nueva amenaza. Finalmente ganó, Andy y Buzz se convirtieron en el primer bromance animado.

Así, junto a Joss Whedon y Pete Docter, quienes añadieron simpatía y romanticismo al largometraje, en 1995 se encajó el zapato de cristal -Bibidi, babidi, bu-. Los creadores hicieron de la cita de Walt Disney, los adultos sólo son niños crecidos, una realidad. A través de técnicas que adultos manejaban, contaron lo que muchos niños sospechan al cerrar la puerta de su habitación: los juguetes cobran vida.

Sentada frente al televisor, en 1995 eras esa Andy que se ilusionaba con el juguete sin olvidar tus orígenes.

En 1999, fuiste al Cine al llegar del campamento de verano. En 2010, lloraste frente al ordenador al recordar el día en que diste tus juguetes a tu primo de 5 años. Y en 2018 pasas a ser un Woody que hace cualquier cosa por su primer amor.

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