Las intenciones de Cesc Gay (Barcelona, 1967) en 'Truman' quedan claras recién iniciada la película. “Estas son las cosas que hay que evitar”, le dice Julián (Ricardo Darín) a su amigo Tomás (Javier Cámara) cuando después de mucho tiempo sin verse Tomás le da al argentino un regalo de sus hijos, un dibujo infantil. Acaba de empezar la película y su director [VIDEO] ya marca claramente el camino por el que no vamos a ir. Esta no será una película de lágrima fácil ni un dramón. Pese a su tema, pese a la dureza de lo que trata,  sin huir de ello, ‘Truman’ es una comedia. Y, probablemente, una de las mejores del año.

Gay y su compañero en la escritura Tomàs Aragay nos presentan un paseo por cuatro días en la vida de estos dos amigos, los últimos cuatro días que pasarán juntos.

Y es que Julián tiene cáncer y, tras muchos intentos por vencerlo, ha decidido vivir sus últimas semanas lejos de hospitales y doctores. Y no va a ser la misión de Tomás convencerlo de nada, porque desde la primera escena los dos saben lo que hay y que la decisión está tomada y es irrebatible. En ese pacto se basa la película para sustentarse en diálogos, momentos y emociones que nos hablan de la amistad sin necesidad de hablar de ella. Un conjunto de escenas propias del director catalán, con diálogos muy trabajados, pulidos y tan naturales que por momento nos olvidamos de que estamos viendo una película y creemos tener a Darín delante contándonos su amor por su perro, que no es otra cosa que su amor por la vida.

Y es que, guion aparte, es sin duda la interpretación del dúo protagonista el mayor pilar de la película.

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Un Javier Cámara que parece mejorarse a cada película que hace y un Ricardo Darín que nos tiene tan acostumbrados a tantas interpretaciones de diez que ya no sabemos si este hombre es capaz, aunque sea sin querer, de hacerlo peor. El reparto lo completa en discordia Paula (Dolores Fonzi), desahogo para los personajes principales y ‘antagonista’ a la vez de una decisión que ni comprende ni comparte, pero que respeta tanto como a su primo.

Las calles de Madrid son el escenario particular de esta historia tan humana y universal, la de la lucha del hombre contra la adversidad, el miedo a la muerte y la pérdida de un ser querido. Es imposible no emocionarse ni quedar indiferente ante estos dos amigos, caminando por sus últimos momentos juntos diciéndose todo con la mirada. Y todo ello, además, sin dejar de sonreír.

Lo mejor: El dúo protagonista, merecido premio ex-aequo en el Festival de San Sebastián.

Lo peor: Que cuatro días pasan en un suspiro.